El encuentro de Hernán Cortez con los Aztecas: el quid pro quo político
En el anterior capítulo hemos conversado sobre el desencuentro económico entre las dos energías de la Economía: capitalismo y reciprocidad y cómo ello sigue repercutiendo hasta la actualidad. Ahora vamos a detenernos en un malentendido de tipo político, anclados también sobre la lógica del don y la lógica del lucro, y que ejemplifica el trágico encuentro de Moctezuma y Cortés. Las citas y referencias de Dominique Temple provienen de: Récits aztèques de la Conquête, Textos reunidos y presentados por Georges Baudot y Tzvetan Todorov, traducidos del nahuatl por Georges Baudot y del español por Pedro de Córdoba, Paris: Seuil, 1983. Para mayor detalle, véase: Teoría de la Reciprocidad, Tomo III: El Frente de civilización. La Paz: GTZ-padep, 2003.

PART7

La llegada de los dioses

Por aquel entonces, los aztecas esperaban el retorno de Queltzalcoatl, Dios de las artes y de la cultura, que fue expulsado por Tezcatlipoca, Dios de los guerreros. En 1517 la expedición de Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva se acerca a las costas de México.
Los aztecas ven acercarse a seres desconocidos, como venidos desde más allá de las puertas del cielo, sobre colinas flotantes; rodeados de jaguares celestes y llevados por corzos gigantes; esos seres matan con una muerte que nadie ve venir: una muerte a distancia. Dominan el rayo y el relámpago. Están protegidos por mantas de metal.

Aztecas intrépidos, sin embargo, trepan a bordo de las naves y, luego, van a informar de su descubrimiento al emperador Moctezuma:

« Oh Señor nuestro, mi honorable Joven Hombre, tomad nuestra vida, ya que aquí lo que hemos visto, lo que hemos hecho: ya que allá donde están tus antepasados ellos montan guardia por ti, ante el agua divina, nosotros hemos ido a ver a nuestros señores, los Dioses, en el seno del agua »

Inmediatamente, Moctezuma ordena preparar la recepción de los Dioses:

« Luego, los cinco fueron llamados y Moctezuma se despidió de ellos, diciéndoles: “Id, ¡no tardéis! Adorad a nuestro señor el Dios, decidle: He aquí que nos envía tu gobernador Moctezuma, he aquí lo que te ofrece, ya que has llegado a su hogar en México” »

Cuando, a su vez, Cortés se acerca a las tierras de México, recibe a bordo a altos dignatarios encargados de entregarle las ofrendas de Moctezuma: los adornos y los emblemas de los Dioses del nuevo mundo.

« Así eran los adornos de Quetzalcoatl: una máscara de serpiente trabajada con turquesas, una armadura de desfile en plumas de quetzal, un collar de jade trenzado en el medio del cual hay un disco de oro, enmarcado en plumas de quetzal y de una banderola en plumas de quetzal y un espejo dorsal adornado con plumas de quetzal, pero ese espejo dorsal está hecho como de un bucle de turquesas, incrustado con turquesas, tapizado de turquesas pegadas, y rosarios de jade con cascabeles en oro; luego está el propulsor en turquesa, únicamente una turquesa entera, con una especie de cabeza de serpiente, con una cabeza de serpiente y después sandalias de obsidiana.

En segundo lugar ofreció el atavío de Tezcalipoca: una cabellera en plumas, dorada-amarilla con estrellas de oro, y un collar de conchas y un largo collar de conchas con un borde deshilachado, y un chaquete completamente pintado, con los bordes ocelados y emplumados, y un manto atado trabado en azul turquesa que se llama “pregonero” y del que se toman las esquinas para ceñirlo, también hay un espejo dorsal y todavía algo más: cascabeles de oro que se atan a las pantorrillas y otra cosa aún: sandalias blancas.

En tercer lugar, la que era el tocador del señor de Tlalocan: la cofia de plumas de garza, únicamente en plumas de quetzal, completamente en plumas de quetzal, como si fuera verde, como si estuviera envuelta por el verde, luego un ornamento cruzado de conchas de oro, también hay un espejo dorsal como se dijo, igualmente con campanillas, el manto con los bordes de anillos rojos para atárselo, cascabeles de oro para los tobillos, y su vara en forma de serpiente, trabajada con turquesas.

En cuarto lugar, también estaba el atavío de Quetzalcoatl con otra cosa aún: una mitra en piel de jaguar con plumas de faisán, con una gran pieza de jade puesta en la punta, y aretes en turquesa, redondos, de donde penden conchas en oro abombadas, y un collar en jade trenzado en el medio del que hay un disco de oro, y un manto de bordes rojos para anudarlo, y también los cascabeles de oro necesarios para los tobillos, y un escudo que lleva un disco de oro al medio, con plumas de quetzal desplegadas en los bordes y también con una banderola de plumas de quetzal, y el bastón curvo de viento doblado en la punta con piedras de jade blancas como estrellas; y sus sandalias de espuma.

Tales eran esas cosas que se llamaban los trajes de los dioses, sus atavíos y que llevaban los mensajeros y encima llevaban muchas más cosas como signos de bienvenida: una corona de oro en forma de caracol de mar con plumas de loro amarillo suspendidas, una mitra de oro” »

Aquí aparece otro malentendido mutuo. Los aztecas se comunican a través del lenguaje de los adornos y los trajes; ahora diríamos, con el lenguaje de la moda. Cada traje representa a un Dios: el Dios de las artes, el Dios de la guerra… Moctezuma quiere saber qué Dios es ese que acaba de llegar, para saber a qué atenerse. ¿Quetzacoatl, Tezcatlipoca, Tecuhtli? Tarde se entera que es el dios de la guerra el que ha llegado: no el de las artes y la reciprocidad.

La hospitalidad y el oro

Cortés no se pregunta sobre el significado de ese lenguaje simbólico, expresado a través de los adornos y los vestidos. Algo muy sofisticado para un comerciante instalado en Cuba que construyó su fortuna en base a la esclavitud de los negros, después de haber participado en el genocidio de los indios del Caribe. Cuando se entera que los aztecas llevan joyas de oro, convierte todos sus bienes en barcos. Su tripulación la componen trescientos mercenarios blancos y seiscientos esclavos negros. Esos aventureros ya no reconocen los valores de su cultura. Sólo reconocen el oro. Pero he aquí que son esperados como si fuesen dioses. He aquí, el malentendido básico.

Aún, antes de desembarcar en las tierras de México, reciben testimonios de lo que les espera: la abundancia producida por una economía que desconocen. La suya se basa en la escasez.

« Luego, comieron galletas de maíz blancas, de maíz desgranado, huevos de pavo, pavos y también toda clase de frutas chirimoyas, mameys, zapotes amarillos, zapotes negros, y patatas dulces, patatas de madera, patatas dulces color herrumbre, patatas dulces malvas, patatas dulces rojas, raíces dulces de jicama, ciruelas de monte, ciruelas de río, huajalotes, guayabas, paltas, algarrobos, ciruelas de tejote, cerezas del campo, higos amarillos de nopal, moras, higos de nopal blancos, higos de nopal rojos, higos de nopal zapotillero, higos de nopal de agua…
Y cuando llegaron a tierra seca, cuando al fin vinieron, cuando avanzaron, se pusieron en camino, tomaron su camino, fueron atendidos grandemente, fueron considerados con gran estima. Es sólo guiados por sus manos que vinieron, que siguieron su camino. Se hizo gran cosa por ellos ».

Entonces, comienza lo que podemos llamar el Quid pro quo político. De lado azteca, frente al extranjero, la hospitalidad, el don: la magnanimidad. De lado occidental, la obsesión por el oro, la acumulación. Por una parte, el azteca asegura y muestra su autoridad, mostrándose generoso y hospitalario. Por el otro, el español ignora todo de ese sistema político generado por el don, y privilegia el saqueo y la acumulación del oro: la naciente economía capitalista.

Apenas en tierra, los hombres de Cortés se lanzan sobre las obras de arte o de culto, sacan el oro que sólo cuenta por su peso. Masacran a los primeros pobladores que encuentran para quitarles el oro o sus vestimentas.

Moctezuma, ante esas nuevas ¿deduce que el dios Tezcatlipoca: el dios de los guerreros, estaba ávido de sangre humana? Envía otra embajada con prisioneros para inmolarlos a los pies de Cortés y así aplacarle; pero este también mata a los sacrificadores.

Este “dios” llega a la ciudad de Cholula, ciudad santa del Imperio, en la que los dignatarios religiosos se reunieron en gran ceremonia:

« De creer a Cortés, la ciudad misma era muy impresionante cuando hizo su entrada en ella : “(…) esta ciudad de Cholula está establecida en una planicie, y cuenta con hasta veinte mil casas en el centro de la ciudad y otras tantas en los suburbios…” Por otra parte Cholula, ciudad religiosa, ofrecía el panorama deslumbrante de una multitud de templos espectaculares que habían impresionado mucho a Cortés : “garantizo a Vuestra Alteza que he contado, desde lo alto de un templo cuatrocientos y pico torres en esta ciudad, y todas pertenecían a templos” »

Pero cuando todos los sacerdotes están reunidos, prosternados, los españoles cierran las puertas del templo y los masacran. Luego reúnen el oro y se fugan:
« Inmediatamente, entonces, se ha aplastado, asesinado, golpeado (…) No es con flechas que ellos fueron al encuentro de los españoles. Simplemente fueron masacrados a traición. Simplemente fueron aniquilados con engaño. Simplemente, sin saberlo, se los mató… » .
Cholula, ciudad mártir, es el símbolo de la conquista. Los malentendidos se van sumando.

El Quid pro quo político, inmovilizado por la lógica del don

Moctezuma está perplejo. Las crónicas muestran su desconcierto. Por consejo de Cacama, rey de Texcoco, Moctezuma propone un encuentro para establecer la paz. Su embajada aporta ricos presentes en oro.

El historiador describe la sorpresa de los aztecas ante el comportamiento de los españoles:
« Y cuando les dieron esto o aquello, es como si hubiesen sonreído, como si se hubieran alegrado, como si tuvieran un placer ardiente. Es como monos de cola larga que cogieron de todo lado el oro. Es como si, allá, se sentaran, como si se aclarara blanco, como si se refrescara su corazón. Ya que es muy cierto que tenían mucha sed, que se atiborraban, que morían de hambre, que querían, como puercos, el oro »

De un lado, como del otro, la ideología se trasforma en fetichismo. Para los occidentales, no hay otro valor que el oro; para los amerindios, las plumas de quetzal. Obviamente, el desencuentro es total.

Entonces, como los adornos de los Dioses no tienen ningún efecto sobre los recién llegados, el Emperador se dirige hacia los chamanes que, se supone, detentan el poder de embrujar al enemigo.

« Pero en ninguna parte hicieron nada, en ninguna parte vieron nada, no llegaron a nada de nada, no hicieron nada de lo que sea, no fueron competentes »

Las narraciones aztecas recuerdan que los astrólogos anunciaban, desde hace algún tiempo, una catástrofe inminente.

« Antes de que vengan los españoles, diez años antes, apareció un presagio de desgracia por primera vez en el cielo, como una llama, como una hoja de fuego, como una aurora. Parecían llover pequeñas gotas, como atravesando el cielo; se agrandaba en la base, se afilaba en la punta, hasta en la bella mitad del cielo, hasta al corazón del cielo iba, hasta el más profundo corazón del cielo llegaba. De esta forma, se la veía, allá abajo en el oriente se mostraba, brotaba en medio de la noche, parecía hacer el día y, más tarde, al levantarse, la borraba el sol »

Entonces los sacerdotes predicen el fin del mundo. Interpretan su encuentro con un fugitivo aterrorizado como la aparición de Tezcatlipoca mismo:

« Él les ha dicho: “¿Por qué pues habéis venido en vano aquí? Ya nunca más habrá México. Con todo lo que llega, ya pasado enteramente. ¡Iros! ¡Fuera de aquí ¡No se queden ahí ! ¡Vuélvanse! Miren a México, como si ya hubiera pasado, como que ya está pasando”. Entonces se volvieron, dieron media vuelta y vieron que se quemaban todos los templos, las casas de los barrios, los colegios religiosos y todas las casas de México, y era como si ya se hubiera combatido. Y, una vez que los adivinos hubieron visto eso, fue como si su corazón hubiera partido a otra parte… »

« Moctezuma, una vez que hubo escuchado, simplemente bajó la cabeza. Se quedó simplemente así, con la cabeza gacha (…) como si estuviera completamente anonadado »
El conflicto entre “nacionalistas” y “cipayos”

La leyenda colonial dice que el español tuvo la habilidad de explotar las divisiones fratricidas de los aztecas, aliándose a poblaciones fronterizas, hartas de llevar tributos a México. El Codex Ramírez cuenta, en efecto, que Ixtlilxochitl, hijo del rey Texcoco, se alió muy rápido a Cortés, ya que había sido alejado del trono, destinado a su hermano Cacama, protegido de Moctezuma.

Pero el Codex Ramírez precisa también que Ixtlilxochitl y Cacama se encontraban pacíficamente en el tiempo de Moctezuma. Ixtlilxochitl se negará siempre ante Cortés a marchar contra su hermano y le reprochará vehementemente el asesinato de su hermano.
Que los españoles hayan dispuesto de ejércitos aztecas, se explica menos por el genio estratégico de Cortés que por la lógica del quid pro quo: cada ciudad azteca rivaliza con las otras por ofrecer más a los extranjeros. Los unos eligen honrarlos, porque esperan de ellos protección y redistribución. Los otros, a través dones considerables, tratan de someterlos a sus dioses. Pero todos ofrecen la alianza a los españoles: la lógica del don.

El Codex Ramírez va más lejos: son los aztecas los que asumirán la mayor responsabilidad de la conquista, por lo menos aquellos que percibieron los límites de la religión tradicional. El dios cristiano parecía más fuerte.

Los textos señalan la contradicción de los dos hermanos Ixtlilxochitl y Cacama. El uno, que encarna la tradición; el otro que se rebela contra ella. Los términos de la contradicción son religiosos. Es Cacama el que le aconseja al emperador que reciba a Cortés a pesar de la masacre de Cholula. En efecto, el emperador, encarnación del más grande los Dioses, no puede sustraerse a la obligación del don y de la hospitalidad, sin perder la cara, es decir, su investidura.

« Informado de lo que ocurría, Moctezuma hizo venir a su sobrino Cacama, a su hermano Cuitlahucatzin y los otros señores y les propuso una larga discusión para saber si había que recibir a los cristianos y de qué manera. Cuitlahucatzin respondió que de ninguna manera, Cacama fue de la opinión contraria: parecería poco valiente no dejarlos entrar mientras que estaban a las puertas y no convenía a un gran señor como su tío no recibir a los embajadores que un príncipe tan importante enviaba »

Ixtlilxochitl, por su parte, renunciará a su tradición. Adoptará la religión cristiana, no para complacer a Cortés, sino porque descubre una religión que juzga superior a la suya. Por otra parte, debe forzar la decisión de los españoles, poco apresurados en verlo reivindicar el título de hijo de Dios. Como los merovingios de Clovis, Ixtlilxochitl organiza la ceremonia de bautismo y toma el nombre del rey de España, Don Hernando. Conducirá la conquista por cuenta de los españoles, a la cabeza de tropas aztecas.

« Revestidos con sus trajes reales, Ixtilxochitl y su hermano Cohuanacotzin recibieron las premisas de la ley evangélica. El primero tuvo a Cortés como padrino y fue bautizado Hernando como nuestro rey católico (…) Se fue de ahí bautizado veinte millares si hubiera sido posible. Ixtilxochitl fue luego a contar a su madre Yacotzin lo que había pasado y decirle que iba a buscarla para conducirla al bautismo. Ella le preguntó si no había perdido su espíritu y le reprochó de haberse dejado convencer en tan poco tiempo por un puñado de bárbaros»

La conquista es también una revolución religiosa; implica la muerte de una teocracia, de la que Moctezuma será el mártir. Moctezuma va, además, por delante al sacrificio. Ofrece a los conquistadores el reino de México. Un don a la medida de su majestad. He aquí el lado vulnerable del sistema indígena.

«Arreglaron en vasos de calabaza flores preciosas, heliantros, flores del corazón, magnolias en el medio de las que se pusieron flores de maíz quemado, flores amarillas de tabaco, flores de cacao, coronas de flores, guirnaldas de flores. Y llevaban collares de oro, collares de varia filas, collares trenzados. Y entonces, es ahí, en Uitillan, que Moctezuma los encontró. De entrada, les distribuyó sus regalos al Capitán, al que mandaba a los guerreros. Le ofreció las flores, le puso en el cuello un collar, le puso alrededor del cuello flores, lo cubrió de flores, lo coronó de flores. Luego, entonces, antes sus ojos, desplegó los collares de oro, todos los obsequios destinados a llegar a alguno… »

Y el narrador atribuye estas palabras al imperador:

« No solo estoy soñando, no veo esto solamente en mi sueño, no hago más que soñar en ti, ahora te veo frente a frente…

Y ahora eso ha llegado: has venido. Has sufrido muchas fatigas, estás cansado, acércate a la tierra, reposa, anda a conocer tu palacio, descansa tu cuerpo, que se acerquen entonces a la tierra nuestros señores »

El emperador condujo a Cortés de la mano por las terrazas de México y le hizo contemplar los esplendores de la ciudad. Los españoles, pasmados, recorrieron los palacios:

«Y cuando llegaron a la cámara secreta de los tesoros, el lugar llamado Teocalco, inmediatamente sacaron afuera, mezclados, todos los trenzados en tejidos preciosos, las armaduras de desfiles en plumas de quetzal, las armas, los bucles, los discos de oro, los collares de demonios, las medialunas de oro para adornar la nariz, las perneras de oro, los brazaletes de oro, las cintas de la frente de oro. Inmediatamente, entonces, se arrancó el oro de los bucles y de todas las armas. Y cuando se arrancó todo el oro, entonces pusieron fuego, hicieron quemar, destruyeron todos los objetos preciosos. Quemaron todo. Y el oro lo convirtieron en lingotes, los españoles… »

Los saqueadores quemaron los valores aztecas para sacar sus propios valores. Los aztecas continúan ofreciendo hasta el sacrificio. Moctezuma les ofrece a los españoles los tesoros de Uitzilpochtli, el Dios Sol, guardados en sus apartamentos personales.

Entonces comienza el sacrificio. Moctezuma acepta celebrar la fiesta de Uitzilpochtli que Cortés le pide. Este espera que todo el oro de los adornos aztecas sea reunido para esta celebración. Pero aun no es la época del ritual. Cortés suplica, Moctezuma consiente. Le es imposible rehusarse, como gran donador. Asume el desafío del don, aunque éste deba conducirlo hasta la muerte. Ordena que se construya la estatua de su dios. El pueblo vacila, refunfuña, luego se somete. Los sobrevivientes de Cholula interpelan al Emperador. Él responde que, ya que ofrece la paz, una nueva masacre es imposible, ya que es el garante supremo. Pero:

« (…) ya cuando se celebraba la fiesta, ya cuando se danzaba y se cantaba, ya cuando canto y danza se mezclaban y que el canto era como un estruendo de vagas brisas, entonces cuando les pareció a los españoles que había llegado el momento de masacrar, entonces aparecieron. Estaban preparados para la guerra.

Llegaron a cerrar todas las partes por donde se podía salir, por donde se podía entrar: la puerta del águila, el costado al pie del palacio, el costado del Puente de Caña y la Puerta del espejo de serpientes. Y cuando los encerraron, por todas partes se apostaron. Nadie más podría salir. Y hecho eso, entonces, entraron en el patio del templo para masacrar a la gente. Aquellos que tenían la necesidad venían simplemente a pie, con su escudo de cuero, otro con su escudo tachonado y su espada de metal; enseguida, entonces, rodearon a los que danzaban, enseguida, entonces, fueron donde estaban los tamborilleros, enseguida golpearon las manos de los tocadores de tambor, vinieron a cortar las palmas de sus manos, las dos; luego, cortaron sus cuellos, y sus cuellos cayeron lejos. Enseguida, entonces, todos ellos asaltaron a la gente con lanzas de metal. Algunos fueron lanceados por la espalda, y sus tripas se dispersaron. A algunos les rompieron la cabeza en pedazos, les trituraron la cabeza, redujeron su cabeza a polvo. A otros los golpearon en los hombros, vinieron a agujerear, vinieron a hender los cuerpos. A otros los golpearon varias veces en las piernas, a otros los golpearon en el vientre e inmediatamente sus tripas se dispersaron. Y es vano que corrían. No hacían más que andar de cuatro patas, agarrando sus entrañas. Era como si los tomaron de los pies si querían huir. No se podía ir a ninguna parte. Y a algunos querían salir, venían a golpearlos, venían a acribillarlos a golpes… »

Los españoles, con el botín amasado, se hacen fuertes en el palacio. En las puertas, emboscan sus arcabuces y llaman a su auxilio a Ixtilxochitl, que no puede imaginar la realidad. Pero como ellos no podrían impedir que su liberador se entere pronto de la realidad, aprovechando de una noche lluviosa, se fugan. Antes de abandonar México, ejecutan a Moctezuma.

«Viéndose con más novecientos españoles y numerosos amigos, Cortés decidió algo que se ha tratado de travestir, pero Dios conoce bien la verdad y fue que en el cuarto de la mañana se encontró muerto al desgraciado Moctezuma, que en la víspera se había hecho salir a una terraza baja para que hable a los hombres, detrás de un pequeño parapeto y se cuenta que comenzaron a tirarle piedras, y que uno lo alcanzó. Pero aunque todo eso sea cierto, esta piedra no podía hacerle ningún mal porque hace ya cinco horas que estaba muerto. Algunos precisan incluso que, para que no se pueda ver la herida, se le había hundido la espada por el fundamento »

Durante más de un año, México resistirá un sitio despiadado. Pero la ciudad será diezmada por las epidemias. Utilizando piezas de tejido que mojan con los humores y sangre de los hombres enfermos, las ofrecen a sus adversarios mediante embajadas. Los españoles utilizan las primeras armas bacteriológicas.

El Codex Ramírez dice que, en el último asalto, Don Hernando (Ixtlilxochitl) subió las escaleras del palacio, llegó a la estatua de Uitzilipochtli y la decapitó.

« Llegado al pie del templo, Don Hernando comenzó a subir las escaleras, acompañado de su tío Don Andrés Achacatzin, famoso capitán de Chiyautla que mandaba a cincuenta mil hombres (…) Don Hernando atrapó por los cabellos al ídolo que antes adoraba y lo decapitó. Teniendo la cabeza con la mano, la mostró a los mexicanos diciéndoles con una voz vibrante: “Ved a vuestro Dios y su poco poder, reconoced vuestra derrota y recibid la ley del Dios único y verdadero”. Les tiraban andanadas de piedras y Don Andrés tuvo que proteger a su sobrino Cortés con su escudo, ya que los dos famosos capitanes estaban al descubierto. Luego tomó el ídolo… »

Oro y holocausto

Los españoles están tan apurados por convertir su victoria en oro que despojan a los cadáveres, protegiéndose «con telas muy finas, ya que tenían náuseas a causa de los muertos que olían mal». Arrancan los ornamentos labiales, los aretes de las orejas, los collares, los pectorales, recogen mitras y cascos, brazaletes. Luego torturan a los sobrevivientes con la esperanza de que revelen el escondite de un oro secreto.

Cortés forzó a Cautemoc, el último emperador azteca, a caminar con los pies quemados para que indique eventuales subterráneos en lo que se ocultaría el oro. Los aztecas, que esperaban que su sangre se metamorfosearía un día en el calor del sol, son colgados o devorados por los perros.

« Ahí abajo, colgaron al soberano de Uitzilopocho, Macuilcochitzin. Inmediatamente luego, al soberano de Colhuacan, Pitzotzin ; los dos fueron colgados ahí abajo. Y al tlacateccatl de Quauhtitlan y al tlillancalqui los hizo devorar por los perros. Luego, enseguida, la gente de Xochinulco fue también librada a los perros para ser devorada, y Ecamextlatzin de Texcoco fue librado a los perros para ser devorado »

Se acaba ultimando a los heridos de un pueblo, que había abierto las puertas de sus casas, porque creía recibir Dioses. Sigue el malentendido.

Moraleja

Etnólogos, historiadores y economistas se preguntan todavía por qué imperios tan potentes: como el azteca y el inca, se hundieron en algunas horas, ante pequeñas bandas de aventureros. Pero el enigma se desvanece si uno se da cuenta de que los amerindios no podían imaginarse que el Dios cristiano no practicara el don recíproco. La reciprocidad es, justamente, lo que nos hace humanos. No conocían el otro modelo que empezaba a tomar cuerpo: el capitalismo. Los extranjeros ignoran el principio de reciprocidad. Como quiera que uno dona, mientras el otro recibe y no devuelve el don, la caída de las ciudades es inmediata y total: caen en dominó. Uno ofrece para establecer o aumentar su prestigio o acrecentar su autoridad, mientras que el otro toma, acumula, privatiza para asegurar su ganancia y su poder.

Pero he aquí que cada uno imagina que el otro pertenece a su propio sistema. Cada uno se hace ilusiones sobre la humanidad del otro. El buscador de oro ignora que el don crea la autoridad de quien dona. A sus ojos la gratuidad del don no engendra ningún valor. Interpreta el don del azteca, en el peor de los casos, como un gesto irracional y, en el mejor, como la propuesta de un trueque. El cualquier caso, se felicita de recibir mucho, al menor costo y concluye en la incompetencia del amerindio. El amerindio no imagina que el extranjero no participe de una humanidad fundada en la reciprocidad. Cree que el otro respetará su prestigio e incluso que redistribuirá las riquezas, cuando le llegue el turno de merecer la gloria a la que pretende.

Los dos mecanismos, del don y de la acumulación, pertenecen a sistemas antagónicos; pero, articulados uno sobre el otro, aumentan sus efectos en un solo sentido: todas las riquezas materiales pasan, sin retorno, de una sociedad a la otra.

Para conversar en los Centros de alta conectividad

Glosario de conceptos nuevos

Antagonismo de civilización
Noción propuesta por Dominique Temple que permite estudiar la confrontación de las sociedades organizadas a partir del Principio de reciprocidad, la Indianidad, con las sociedades organizadas por el capitalismo, Occidente

Economía capitalista

Este principio económico está motivado por el deseo de los individuos de satisfacer sus deseos. Busca el interés individual e implica la propiedad privada que conduce a la competencia, a la acumulación, a la expropiación de los medios de producción y vida de los más débiles. Su identidad excluye la diferencia de los otros; es decir, busca homogeneizar al otro a su imagen y semejanza. Reflejo del monoteísmo en la economía.

Economía de reciprocidad

Este principio económico está motivado por la necesidad del otro, por el bien común, entendido no como la suma de bienes individuales, sino como el ser comunitario, ese tercer incluido e indivisible que no es reductible a la suma de las partes y que no puede ser propiedad de nadie. Una estructura de reciprocidad prohíbe el nacimiento de toda privatización, impide la acumulación y la explotación. Su identidad incluye la diferencia del otro. Reflejo del animismo en la economía.

Economicidio
Es la destrucción de las estructuras de producción del sistema de reciprocidad, en provecho de las estructuras de producción del sistema de librecambio capitalista. No sólo pone en riesgo los fundamentos de la cultura y de la ética, sino también los de la economía de reciprocidad

Fetichismo

Cualquiera que dé, adquiere una fama proporcional al don efectuado. Esta fama, representada en un objeto, puede ser devuelta como testimonio de un valor que será atribuido al objeto mismo. Entonces, el valor puede ser fetichizado en este objeto. El don de los valores de uso engendra la fama, pero este principio tiene como consecuencia que nadie puede aspirar al prestigio sin dar. Adquirir prestigio, ser honrado, se vuelve una obligación. El don de valor de fama obliga al don de los valores de uso. Esta inversión es semejante a la que Marx describió en el sistema del intercambio: De la misma manera que el trabajo genera el valor de cambio y que cuando encuentra su expresión en una mercancía privilegiada (el oro o el dinero) ésta se vuelve el motor del intercambio de las mercancías, del mismo modo el don genera prestigio que, una vez fijado en un objeto privilegiado, se vuelve el motor del don.

Quid pro quo político
Si uno da para crear amistad o establecer su autoridad de prestigio, suponiendo que el otro practica la reciprocidad de los dones, pero si éste otro agarra tanto como él puede y retorna lo menos posible, porque interpreta toda prestación como un intercambio, necesariamente, el quid pro quo, entre el intercambio y la reciprocidad, transfiere todos los bienes materiales en provecho de uno, sin retorno para el otro.

Temas de conversación

Pareciera que, al Quid pro quo político, le antecediera un Quid pro quo teológico: los Aztecas suponen que los españoles son dioses: ¿Será correcto utilizar la palabra Dioses, tanto para los españoles como para esas fuerzas que se expresan a través de sus vestuarios?

Releyendo las descripciones de los trajes ¿podrías decir de qué tipo de Dios se trata? También se dice que, en los Andes, los textiles comunican. ¿Conoces ejemplos que nos puedan enriquecer a nuestra Comunidad de aprendizaje?

Desde el punto de vista de la comunicación intercultural, aquí observamos que se cruzan, sin tocarse, el código de la escritura y el código de la moda. ¿Conoces ejemplos locales de esta suerte de malentendido? Cuando alguien dice, por ejemplo, Dios ¿Qué piensa un monoteísta y qué se le viene a la cabeza a un animista? Haz el ejercicio con las palabras, Estado, Mercado, Dinero, Desarrollo, Vivir Bien… Las respuestas ¿son iguales o semejantes? ¿A qué crees que se deba ello?

Se sabe que la economía de reciprocidad se basa en la abundancia. ¿Recuerdas su descripción? ¿Qué te ha llamado la atención? Se sabe también que la economía capitalista se basa en la escasez ¿Cómo se percibe ello en este texto? En general ¿qué piensas de esta diferenciación? ¿Será correcta? ¿No será, más bien, al revés? ¿Por qué?

¿Cómo expresan, el azteca y el español, su autoridad? En este ejemplo, política y economía ¿tienen alguna relación? ¿Cómo expresan su Autoridad un jilakata y un alcalde?

Cuando Moctezuma descifra que el Dios venido de fuera está ávido de sangre: es el Dios de los guerreros, le envía a Cortez prisioneros para que los sacrifique: ¿Qué te da a pensar este hecho? ¿Qué deja ver de ambas civilizaciones?

La relación de los hermanos Ixtlilxochitl y Cacama, respecto de los españoles, se va a volver a repetir a lo largo de la conquista y la colonización. Vale la pena volver a releerla, pues responde de mejor manera al clásico estribillo de que los españoles, siendo pocos, fueron superiores militarmente y por ello vencieron. No fue así. ¿Cuál es la tesis de Dominique Temple?

¿Qué piensan del bautismo de Ixtlilxochil y lo que sigue? ¿Se sigue repitiendo ese arquetipo en la actualidad? ¿Tal vez en la política? ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades del modelo monoteísta y del modelo animista?

Moctezuma ofrece, como un don, el imperio azteca a los españoles. Dona hasta auto aniquilarse. La lógica del don torna vulnerable a los amerindios frente a la lógica de acumulación. Es importantísimo que nos demos cuenta de ello. ¿Qué piensan y sienten ante la figura de Ixtilxochil?

En el siglo XXI se vuelve a repetir la historia. Los países ricos otorgan préstamos millonarios (parecen dones: perlas de vidrio o trozos de bonete rojo) a sabiendas de que no van a poder ser devueltos en dinero y se lo cobrarán en especie: agua, tierra, bosque, minerales, gas… De eso se trata. El imperialismo es cada vez más abstracto y minimiza los costos de explotación. Estamos entregando nuestro país, como los aztecas, obnubilados por una perla de vidrio: “Ahora, sois sujetos de crédito”. ¿Qué piensas?

Vuelvan a leer la Moraleja. Ahí está condensada la gran Lección Aprendida de la conquista

Tareas concretas

Se dice que los países del Tercer Mundo son “entreguistas”: entregan su soberanía política, sus recursos naturales, sus recursos financieros, sus divisas en oro, poniéndolos en bancos extranjeros, no digamos sus riquezas intangibles. ¿Seguimos repitiendo el modelo azteca?
¿Cuáles son los espejuelos actuales con los que nos dejamos engatusar?

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