Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo integral para Vivir Bien. Exégesis y hermenéutica para precisar la epistemología de su Reglamentación

Javier Medina

Introducción

Esta Ley, como veremos, contiene dos paradigmas contradictorios en su diseño, como no podía ser de otro modo, siguiendo el texto constitucional. Dos matrices civilizatorias, en efecto, nos constituyen. Del mismo modo como la Vida es el efecto de la complementariedad contradictoria Onda / Partícula y se rige según una alquimia dirigida por la dosificación de ambas energías; así también, en la Reglamentación, deberemos dosificar ambos ingredientes desde la polaridad más adecuada; en este caso desde lo local y concreto: el horizonte de toda reglamentación; por tanto, donde lo amerindio: ecológico y sistémico, hacen masa crítica. En el nivel nacional la polaridad adecuada es más bien la que apunta hacia lo general y abstracto.

Leamos, pues, el fractal del Artículo primero que contiene, in nuce, toda la Ley.

El texto

Artículo 1. (OBJETO) La presente Ley tiene por objeto establecer la visión y los fundamentos del desarrollo integral en armonía y equilibrio con la Madre Tierra para Vivir Bien, garantizando la continuidad de la capacidad de regeneración de los componentes y sistemas de vida de la Madre Tierra, recuperando y fortaleciendo los saberes locales y conocimientos ancestrales, en el marco de la complementariedad de derechos, obligaciones y deberes; así como los objetivos del desarrollo integral como medio para lograr el Vivir Bien, las bases para la planificación, gestión pública e inversiones y el marco institucional estratégico para su implementación

  1. Exégesis: texto

Tal vez convenga empezar explicitando el sentido de la voz exégesis. Proviene del griego ἐξήγησις: exégesis, de ἐξηγεομαι: exegeomai: explicar. Significa ‘extraer objetivamente el significado de un texto dado’. Su otra faz es la eiségesis que significa ‘insertar subjetivamente las interpretaciones personales en un texto dado’. Los enfoques más habituales de esta ciencia son: análisis de las palabras significativas;  examen del contexto general y  confirmación de los límites de un pasaje.

Así, pues, empecemos por las

  1. Palabras significativas

El Articulo primero, como una semilla o microcosmos, entraña y contiene lo que se va a desplegar, luego, en los siguientes artículos. Por mor de la brevedad voy a clasificar ya los conceptos en los casilleros de las dos matrices civilizatorias que nos constituyen y, asimismo, los conceptos  de Tercero Incluido o Interfase entre ambas polaridades.

A efectos cognitivos, la columna izquierda  expresa las funciones del lóbulo cerebral izquierdo; la columna de la derecha, las funciones del lóbulo cerebral derecho. Así como el pensamiento humano es el Tercero incluido de la interacción de ambos hemisferios cerebrales, donde, sin embargo, una polaridad suele hacer masa crítica, así también acaece en los diferentes niveles de la realidad.  Dicho con la terminología de Stéphane Lupasco; cuando Occidente se actualiza, la Indianidad se potencializa y viceversa: cuando la Indianidad se actualiza, pasa a ser actual, Occidente se potencializa: se vuelve virtual. El Tercero Incluido significa una semi actualización y semi potencialización de ambas polaridades. Volveré sobre ello al leer la Columna del centro

Observemos la siguiente tabla donde vacío las Palabra significativas del Artículo primero.

OccidenteTercero incluidoIndianidad
1 Desarrollo

2 Componentes

3 Derechos

4 Obligaciones

5 Deberes

6 Objetivos

7 Medio para

8 Planificación

9 Gestión pública

10 Inversiones

11 Marco institucional

12 Estratégico

13 Implementación

 

1 Integral

2 Sistemas de vida

3 Complementariedad

1 Armonía

2 Equilibrio

3 Madre Tierra

4 Vivir Bien

5 Regeneración

6 Saberes locales

7 Conocimientos

ancestrales

Un primer recuento ya muestra, como un fractal, la composición ideológica de la Ley de la Madre Tierra: 57% occidental, 30% amerindia y 13% conceptos de interfase que corresponden a ambos sistemas, pero más a la columna derecha; por tanto, la relación conceptual es 57% versus 43%.

La columna de la derecha y la del centro no aparecen en la anterior Constitución Política, ni en las Estrategias de Desarrollo, desde 1953, que siguen, piamente, el Plan Bohan con aggiornamentos adjetivos [1]. Algo epocal, pues, está empezando a acaecer en Bolivia y en el mundo.

No se puede negar, por tanto, la emergencia del paradigma amerindio, en la política pública, que coincide con la emergencia, en las sociedades avanzadas de Occidente, del paradigma ecológico y, en concreto, con las nuevas Ciencias de la Tierra que desarrollan la Teoría  Gaia de James Lovelock.

Los mitos de la columna de la izquierda, que hacen a las sociedades industriales, en Bolivia no han podido ser cumplidas porque son contrarestadas, relativizadas, por las fuerzas de la columna derecha que, culturalmente, hacen masa crítica. Eso no significa que debamos negar, dualista o peor maniquéamente, la columna de la izquierda; pues expresa las energías fuertes, de disjunción, de la materia-energía: las energías fermiónicas. La columna de la derecha expresa las energías amables: de conjunción, de la energía-materia: las energías bosónicas. Tampoco, aunque queramos, las podremos extirpar. Por tanto, debemos afirmar ambas energías a sabiendas que son contradictorias; si no fuese así, no podría darse la complementariedad de opuestos que, como mostrara Niels Bohr, es el principio básico de la teoría cuántica, refiriéndose al debate sobre la inquietante dualidad onda-partícula.

Vayamos  a las palabras clave. Empezaré por la columna de la izquierda.

Columna de la izquierda

1.1. Desarrollo

En la historia larga de Occidente, uno de sus conceptos fundamentales fue el de Salvación. Con la secularización (algo que sólo conoce Occidente, debido a la escisión sujeto/objeto, plantada ya en el libro del Génesis) este concepto teológico ha sido reemplazado, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, por el concepto económico de Desarrollo. Ambas son palabras motrices. La única diferencia relevante, respecto de Salvación es que ésta apuntaba a la trascendencia; en tanto Desarrollo, se queda en la inmanencia. Ahora bien, Desarrollo, como telos de la civilización occidental, ha durado medio siglo. Ahora mismo en Europa hay una insipiente, pero significativa tendencia a debatir la noción de Decrecimiento: degrowth o décroissance, azuzada por la crisis económica, social y medio ambiental, pues la capacidad de carga del planeta ha tocado sus límites físicos y el petróleo, que mueve a esta civilización, ha llegado a su pico.

Eso no significa, sin embargo, que vaya a desaparecer la pulsión desarrollista que expresa nuestras pulsiones extractivistas y depredadoras: “Dominad la tierra”: Génesis 9:7, involuntariamente fomentadas por el Monoteísmo abrahámico que, al privilegiar la escritura, como medio de comunicación con la esfera de sentido, ha fomentado que la lectura de la escritura active, en nuestra retina, los Conos: focalizan la luz, que, a su vez, activan el lóbulo cerebral izquierdo, con todo lo que ello implica. Los amerindios, al haber preferido sistemas semióticos más complejos, para interactuar con la esfera de sentido, activan tanto los Conos como los Bastones de la retina. Los Bastones activan el lóbulo cerebral derecho, con todo lo que ello implica. No se trata de o lo uno o lo otro, sino de una dosificación, oscilante, de ambas energías.

Parece oportuno traer a cuento el modelo neurológico.

 

Lóbulo izquierdoCerebroLóbulo derecho
 

Lenguaje articulado

Lógico

Secuencial

Números

Causa efecto

Análisis (descompone)

Focalización: punto

Tiempo (p-p-f)

Largo plazo

Planificación

Razón

Consciente

Desarrollo

 

Lenguajes semióticos

Sensaciones

Simultaneidad

Letras

Sincronicidad

Síntesis

Rizoma: red

Espacio (aquí y ahora)

Corto plazo

Improvisación

Fe

Inconsciente

Vivir Bien

Así, pues, debemos afirmar el Desarrollo, a sabiendas que nos hemos aplazado, por razones civilizatorias y hemos llegado tarde tanto a la revolución industrial clásica como a la nueva ola industrialista que lideran, actualmente, los BRICs.

Podemos interpretar Desarrollo integral como la propuesta, desde la vertiente occidental, de relativizar la noción clásica de Desarrollo: unidimensionalmente cuantitativa, por diseño, con la integralidad que proviene de la noción de desarrollo sustentable.

1.2. Componente

Este concepto pertenece  a un modelo cognitivo de  orden reduccionista y mecánico. Un objeto inerte, en efecto, como un reloj o una máquina se pueden descomponer o, incluso, se puede de-construir entes racionales, como ha hecho Derrida a propósito del logocentrismo de la metafísica occidental. Componente, pues, es una palabra que corresponde al paradigma newtoniano. Veamos el siguiente cuadro

Viejo ParadigmaFrente aNuevo Paradigma
Atomismo Holismo
Énfasis en el funcionamiento individual de las partes Énfasis en las relaciones
Fragmentación Integración
Se descompone No se puede descomponer si matar el organismo en cuestión

Ahora bien, tratándose de una Ley sobre la Madre Tierra que, tanto desde la visión amerindia como de la de las nuevas Ciencias de la Tierra, es de modo eminente un ser vivo, inteligente y que se autorregula [2], este concepto, digo, no es pertinente. En la Reglamentación debemos corregir este enfoque y empezar a utilizar conceptos  adecuados, provenientes de un modelo biocultural, de corte orgánico, no mecánico, que son los adecuados para tratar de seres vivos.

1.3. Derechos, Obligaciones, Deberes

Estos conceptos jurídicos provienen de la tradición greco romana, una de cuyas características distintivas es su antropocentrismo. El mundo, es el mundo de los hombres. Ahora bien, las dos haces de energías: Fermión y Bosón, que componen la realidad, en el nivel de la sociedad humanas, se expresan, en la tradición política occidental, por un lado, en el liberalismo, que ha generado los derechos civiles y políticos; llamados de primera generación: los de la libertad; en tanto que al socialismo debemos los derechos de segunda generación: los derechos económicos, sociales y culturales: los de la igualdad.

En este momento, la humanidad está transitando hacia una tercera generación de “derechos”. Los que involucran a la biosfera y que se expresan en la Carta de la Tierra promovida por Naciones Unidas. Ello implica que, como humanidad, debemos ampliar la esfera antropocéntrica y anidarla en un Holón más complejo, que la contenga y supere y que podemos llamar cosmocéntrico.

Al Gore, en su famoso documental: Una verdad incómoda, habla de la necesidad de un “imperativo moral”, para controlar las emisiones de CO2 a la atmósfera, que debe rebasar el horizonte ético de cuño humanista que, hoy por hoy, rige la legislación de todos los países que, sobre todo los industriales, han producido el calentamiento del planeta. Precisamos, de otra ética. Global de cuño biosférico.

Como sabemos, la moral amerindia es una moral cósmica que, en base a la metáfora del parentesco y a la lógica del don, ha establecido, a través de su tecnología simbólica: su ritualidad, un eficiente dispositivo para vivir en homeostasis con su entorno biosférico. Aquí tenemos la gran cantera conceptual con la que Bolivia puede aportar al mundo, en este momento de transición y  a la Reglamentación de la Ley de la Madre Tierra que debe convertirse en una gran comunidad de aprendizaje para producir los conceptos adecuados al proceso de cambio global que está viviendo la humanidad.

El cambio de paradigma exige, para su articulación a la Biosfera, de nuevos conceptos. Para la esfera antropocéntrica, los conceptos del derecho internacional actual., son irrenunciables. Pero no los podemos usar para un holón más complejo, como es la biosfera. Anularíamos la potencialidad del enfoque Madre Tierra.

1.4. Objetivos, Fines, Medios

Estos son los conceptos motores del sistema de gerencia occidental, inherente a la “forma Estado” y a la “forma Empresa”. Estos conceptos implican la separación del tiempo del espacio y la autonomización del Tiempo, que ya es no relativizado por el Espacio y que, por tanto, permite al homo occidentalis pensar atomística, lineal y  secuencialmente, activando esas funciones en el lóbulo cerebral izquierdo. En los modelos de gerencia, estos conceptos se coagulan en el Marco Lógico [3]: una herramienta de control, fundamentalmente, y que opera sobre el supuesto, de su no relacionalidad con el contexto. Es una foto fija. La realidad, en cambio, es más bien un audiovisual.

He aquí, empero, que el concepto Madre Tierra entraña otro modelo de gerencia de la biosfera que debemos co-pensar al mismo tiempo. Digamos que, en una Ley Marco, es correcto formular el desafío en estos términos, puesto que el Estado es una forma occidental; pero, en el Reglamento, para ser eficaces (ya volveré sobre ello) debemos activar el modelo de gerencia amerindio, basado ya no en lo lógico sino en lo energético.

Así, pues, ambos sistemas producen, desde su propia coherencia, dos diagramas de gerencia muy interesantes. Uno el ya nombrado Marco lógico y el es otro menos conocido, intelectualmente, aunque practicado operativamente por todos los bolivianos y que voy a llamar Redes de energía. En los dos podemos ver reflejadas ambas civilizaciones.

La historia del Marco Lógico es una muestra de los procedimientos de ayuda al desarrollo durante las últimas décadas. Conocemos, en los años Setenta, la matriz de proyecto 4×4 de USAID; en los Ochenta, la GTZ introduce  el ZOPP: planificación orientada por objetivos, que fue tomado, en los Noventa, como punto de partida para varias versiones producidas por el resto de las cooperaciones europeas y las oenegés bolivianas.

El Marco Lógico pretende  detener el flujo de la vida en un diagrama. Congelar el tiempo. Una vez aprobado, queda fijo (de eso se trata, justamente) Sin esta ficción, empero, no funcionaría el instrumento. Es el triunfo de Parménides sobre Heráclito.

La civilización amerindia al construirse en el continuo naturaleza-sociedad produce sistemas de gestión de naturaleza biológica y, en concreto, el cerebro humano es el que provee el modelo de gerencia de la biosfera. De ahí que su ícono sea la red neural por la que circula la energía: información, conversaciones y emociones que hacen de ello un dispositivo autopoyético, (Maturana), de continua retroalimentación que conlleva a procesos continuos de autoorganización, autoaprendizaje, tolerancia a fallas, flexibilidad y siempre en tiempo real: “sobre el pucho nomás”

Veamos más en detalle ambos sistemas en interacción.

Las formulaciones del Marco Lógico deben buscar la univocidad y evitar la plurivocidad. Como los dogmas de fe cristianos, no deben dar lugar a la ambigüedad.

El modelo de red amerindio se basa en la plurivocidad y busca consensos puntuales. Esos consensos no son fijos y varían según  nuevos contextos y nuevos in puts provenientes del entorno del sistema.

Todo debe ser muy Objetivo; es decir, se debe minimizar lo subjetivo. Las formulaciones deben ser explícitas, comprobables, verificables. Reduccionismo a lo tangible.

El modo amerindio no separa objetivo de subjetivo: lo tangible de lo intangible; es más: cultiva la comunicación entre ambos Niveles de Realidad. En vez de reducir, cerrar: abre a lo intangible.

También deben ser Objetivas en el sentido de orientadas a un fin, una meta: un objetivo, justamente. Absolutización del Tiempo como telos: linealidad abocada al futuro y, por consiguiente, negligencia del Espacio. Occidente está abocado a la trascendencia.

Los amerindios (como Einstein) al no separar tiempo de espacio (eso es Pa-cha, justamente)  no pueden pensar fines, metas, objetivos separados de sus polaridades contrarias. De ahí, la tendencia al equilibrio, a la armonización. La Indianidad encuentra todo en la Inmanencia

El Marco Lógico se basa en la ley de causalidad que implica pensar en términos de medios y fines. Es decir, algo o alguien es un fin y los otros son medios, instrumentos. Con otras palabras: se impone, inadvertidamente, un sistema jerárquico, piramidal, no democrático.

El modelo de red se basa en la Sincronía: todo interactúa con todo simultáneamente. Según los casos, uno dirige y los otros obedecen y, acto seguido, esa correlación cambia: mita. El poder no se concentra, debe fluir y cambiar por alternancia de contrarios. O dicho de otro modo, todos pueden ser medios y fines, según las circunstancias

Fuerte énfasis en la medición del logro de objetivos como una actividad inequívoca y universalmente valiosa.

Los objetivos caerán como frutos maduros, si la disposición de las energías ha sido hecha ritualmente y con buen corazón y su desenvolvimiento es  criado con cariño y respeto. Este nuevo ser, puede ser un Proyecto

El Marco Lógico busca la integración de la pluralidad en la noción de Proyecto: un dispositivo que permite el manejo del emprendimiento para conseguir los objetivos.

Un amerindio nunca pone todos los huevos en una sola canasta. El Proyecto es un recurso mas; nunca el único.

Los marcos lógicos son la base del monitoreo y la evaluación. El énfasis en indicadores cuantitativos hace imposible darse cuenta de procesos cualitativos. Es más, los efectos no intencionados de una intervención, positivos o negativos, no serán detectados normalmente por el monitoreo basado en marcos lógicos. Se dan casos en los que el impacto no intencionado puede ser el más importante.

Grimaldo Renfijo ha hecho visible el concepto quechua de ichacho que significa que no existe un único camino sino muchos y el grupo debe escoger aquel que conviene al ayllu en un momento preciso. Esto implica entender la vida como caminos que se bifurcan  continuamente  y que,  para atinar con el “camino que tiene corazón” (El don Juan, de Castañeda) hay que estar sereno, conectado con la esfera intangible: el Orden Implicado de David Bohm. Nada está señalado ni predeterminado de antemano. Existe la posibilidad de desandar lo caminado, volver a la raíz e iniciar un nuevo camino. El ichacho no hace brotar discursos racionales, sino cuentos, narraciones, que permiten establecer  una relación de acompañamiento y crianza mutua.

Inevitablemente el Marco Lógico fuerza hacia  la estandarización: lo cual produce la tentación de vislumbrar en ello una relevancia universal; de allí, a caer en la tentación y la ilusión de la replicabilidad y buscar buenas prácticas para reducir la posibilidad de otros fracasos, solo hay un paso.

Para el amerindio cada cosa es cada cosa y tiene valor local y puntual. Está fuera de su esquema pretender que algo sea universal y menos replicable. Es el arte de la localidad (Van der Ploeg)

Pues bien, tratándose de la Madre Tierra se impone volver a juntar  el tiempo al espacio.

Otro desafío intelectual para la Reglamentación de la Ley  Marco boliviana.

1.5. Marco institucional

El concepto de “Estado Plurinacional” nos obliga a pensar, simultáneamente, la “forma Estado”, para lo general y abstracto,  y la “forma comunidad”: ayllu, jatha, tenta…, para lo local y concreto. Vamos a llamarla “forma Ayllu” para señalar la especificidad amerindia. Puesto que una Reglamentación tiene que ver con lo local y concreto, es decisivo detenernos en ello y ver en qué se diferencia de lo general y abstracto, para no reglamentar lo local y operativo con conceptos inadecuados y estáticos.

Tenemos que saber que la forma Estado Nación es el resultado, de una larga apuesta del genio occidental porque no todo sea fluir: Heráclito; o disipación de energías, como dice Prigogine. Occidente buscó que algo se detuviera y durase: sea estático, justamente: Anaximandro; eterno: Platón; o mejor aún: motor inmóvil: Aristóteles.

La forma Ayllu, por el contrario, favorece el flujo, la disipación de las energías. Que algo se detenga y dure es, precisamente, la enfermedad y, finalmente, la muerte. Un cuerpo está sano, justamente, cuando la energía electromagnética y los líquidos, circulan por el cuerpo en contigüidad con el cosmos. La acupuntura, por cierto, es la tecnología oriental para desatorar las obstrucciones del chi: flujo vital, en el cuerpo humano. Cha en aymara.

La forma Estado es una franquicia europea que supone el Monoteísmo, es decir, la especialización en una sola energía, la que procesa nuestro lóbulo cerebral izquierdo; que ha cultivado la experticia de la abstracción: la escritura: el mapa.

La forma Ayllu es una red cosmo-antropo-biológica por la que circulan conversaciones y emociones que organizan, contextualmente, la toma consensuada de decisiones para la búsqueda de la homeostasis del sistema Vida-Muerte y cuyo efecto: la interconectividad multinivel del sistema: Tercero Incluido, es la Suma Qamaña.

La forma Estado implica duración, permanencia, lo que no cambia: la Ley de Moisés: la Constitución y las leyes, deben ser promulgas para varias generaciones y deben ser respetadas estrictamente; de otro modo, la ficción de lo absoluto, que no cambia, que dura y permanece, no puede mostrar su eficacia; sin la Palabra del Padre no hay modo de detener el fluir matríztico de la realidad.

La forma Ayllu se basa en la oralidad, la ritualidad: en lógicas fluidas; por tanto, en un universo cuántico basado en el consenso puntual, ad hoc, siempre revisable, porque el contexto nunca es el mismo, todo cambia, es relacional, depende y, por tanto, es probalístico por diseño. Estamos en el orbe de la relatividad einsteiniana. ¿El Ayllu, por su constitución contradictoria, funciona en el Nivel de Realidad Microfísico? El Estado, ciertamente, se mueve en un orbe mecanicista, fijo, absoluto: newtoniano: moderno: en el Nivel de Realidad Macrofísico.

La forma Estado necesita de una casta sacerdotal que domina la escritura, la abstracción y, por tanto, la previsión (tiempo lineal): la burocracia. Sin burocracia meritocrática profesional no hay Estado que funcione. Introducir  el sistema de rotación y turno del Ayllu al Estado es perforarlo desde dentro. El Estado  no es un macro-ayllu. La congelación de la mita, turno, sirve para producir un tipo especial de institución que opera como batería que acumula información y experiencia para dosificar, ese savoir-faire, en el largo plazo; para cuando vengan “las vacas flacas”: Génesis 41:20. Si cada que cambia una autoridad hay turno generalizado, en este tipo de institucionalidad separada, no hay acumulación  gerencial de know how.

La forma Ayllu, en cambio,  no precisa de una casta profesional para  funcionar. Es un sistema ultra democrático, donde la información no es reservada: controlada por especialistas letrados, es pública, abierta y se genera y aprende haciendo, en el seno de la comunidad; se sabe por experiencia; no por fe, como en el sistema monoteísta-capitalista. Todos, por turno, comparten la gerencia de la biosfera. No hay institucionalidad separada, justamente: la dicotomía Estado / Sociedad. Hay Ayllu: holoarquía.

La forma Estado es una máquina racional para producir, en la lógica de la fábrica: fordismo, bienes y servicios a gran escala: taylorismo: distintos Ministerios, para que el Ogro filantrópico, si le place: socialismo; si no le place tanto: liberalismo, los redistribuya, generosa o mezquinamente, para el “bien común”.

La forma Ayllu, por el contrario, es un cuerpo “místico” orgánico, sistémico, transgeneracional, energético, de doble voltaje, por tanto basado en la reciprocidad y el compartir: recursividad. La redistribución es consustancial al modelo del Ayni y se efectúa, sobre todo, en la Fiesta que es el gran ecualizador del sistema: su homoestato. Es un modelo de no acumulación: no-desarrollo y, sin embargo, de abundancia de lo bello, necesario e importante.

La forma Estado se basa en el individuo: el yo: liberalismo  o la suma de individuos: egos: socialismo. El nosotros es adjetivo; se lo prefiere implementar intangiblemente: Cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia.

La forma Ayllu se basa en la oposición de dos mitades imantadas antagónicamente que se complementan y retroalimentan mutuamente: feedback cosmobiológico.  En el Ayllu hay individuo pero, éste, está relativizado por la comunidad y viceversa. Ahora bien, lo que hace masa crítica es la comunidad: el nosotros (y le hay: inclusivo y exclusivo), no el yo.

La forma Estado se basa en la intitulación de la Propiedad, que puede ser privada y pública. La intitulación: la escritura, de la propiedad privada suscita, justamente, la ficción de la Permanencia y de lo Propio en el nivel familiar; por ello suele estar ligada a la filiación patriarcal y a la herencia. Da seguridad: permanencia en la continuidad.

La forma Ayllu no conoce el concepto de propiedad (“propiedad colectiva” es socialismo; “propiedad comunitaria” es una contradictio in adiecto) sino el de Usufructo. El regazo de la Madre: la Pachamama, es la que da seguridad ontológica al jaqi que recibe de la comunidad, hasta su muerte, las sayañas que le permitirán, como sentido de la vida y conversación con el tiempo y las estaciones, la crianza de la biodiversidad en el altar de la  chacra.

La forma Estado se instituye sobre y contra la Naturaleza que es entendida sólo como soporte y proveedora de recursos. El mundo es el mundo de los hombres. Antropocentrismo. Se le pueden añadir los adjetivos “sustentable” o “sostenible” (máxima ilusión de la invarianza monovalente y permanencia de lo mismo. Nadie, en su sano juicio, querría solo inspirar y, a saber, sosteniblemente: se moriría a los cinco minutos) e, incluso, pensar en las generaciones futuras; pero es siempre el Hombre la “medida de todas las cosas”: Protágoras. Todo está al servicio del “Mayordomo del Jardín”: Génesis 1:26-31. Es  fruto de la Separación.

La forma Ayllu es, en realidad, el Tercero Incluido de una pluralidad de tinkus cosmobiológicos entre los diferentes ayllus: de la sallqa, de las wak´a, de los  jaqi, para suscitar la homeostasis biosférica. No hay separación estado / naturaleza; el Ayllu es parte de la complejidad mega noosférica del sistema vida-muerte. Es parte del Continuo.

La forma Estado Implica el capitalismo, es decir, una lógica que dispara la dinámica económica a partir del interés privado con el fin de lucrar y así poder acumular para, con ello: ese capital, poder comprar en el Mercado y/o esperar del Estado los bienes y servicios que precisa para su bienestar. Estado y Ayni no van juntos, pues pertenecen a dos “niveles de realidad”, Basarab Nicolescu, diferentes.

La forma  Ayllu se basa en el Ayni, es decir, en una lógica  que dispara la dinámica económica  a partir de la necesidad del otro, con el cual se trata de buscar una relación que produzca los valores humanos: amistad, alianza, confianza …de modo tal que el donador, al enfeudar al donatario, crea lo contradictorio que permite suscitar la ficción de la reciprocidad y la crecida del don. Un donador estima su riqueza por el tamaño de la red social que logra articular y la mide en el Prestigio que los suyos le otorgan. Algo inmaterial. Un capitalista por el tamaño de sus propiedades y su cuenta bancaria.

La forma Estado se basa en la Abstracción impersonal, para lo cual es indispensable el dinero (el Intercambio, en efecto, rompe el vínculo del Ayni: separa: Dominique Temple) y la escritura (congela la Separación). La banca, entonces, hace posible las transferencias invisibles, automáticas y en tiempo real del sistema financiero: del Fisco a las cuentas bancarias municipales o departamentales (como la administración de los sacramentos, por la Iglesia, que redistribuye la Gracia intangible de Dios a la cuenta corriente de cada creyente). Esa abstracción teológica, anónima y neutra, es indispensable para que funcionen las instituciones: baterías impersonales que garantizan la Duración, la Neutralidad y la Permanencia: Nous, en el sentido de Anexágoras, que detienen el flujo interpersonal y emocional del Ayni: “mi cariño” (que suscita el contra don: el Mana polinesio, el Hau maorí; “el espíritu del don”: Marcel Mauss) y lo inmaterializan en un cheque: un pagaré.

La forma  Ayllu se basa en la ley del Ayni: en una “lógica de lo concreto”: Levi-Strauss, y una estructura interactiva; es inter-personal, por diseño; acaece cara a cara, en contextos rituales llenos de afectividad y produce feedback por su propia dinámica: Hau. Su fin es aceitar la red cosmoteándrica, Panikkar, para que fluyan los bienes, emociones, dones, servicios, conversaciones… que alimentan la web cósmica, cuyos nodos son los ayllus. Hay diversas estructuras que modulan ese fluir de las energías que han sido estudiadas por Dominique Temple (ver Las estructuras elementales de la reciprocidad). Así, por ejemplo, tenemos la Reciprocidad bilateral: A > B > A; la Reciprocidad ternaria unilateral: A > B > C; la Reciprocidad ternaria bilateral: A > B > C > B > A; la Reciprocidad ternaria colectiva:  para ir de A a B, C, D … se tiene que pasar por T; tenemos una variante: la Reciprocidad piramidal; también tenemos la Reciprocidad apthapi o de Compartir:  “uno para todos, todos para uno”: Alexandre Dumas. La Transparencia liberal, en contexto del Ayllu, es negación del otro: ninguneo, ruptura de la red, aislamiento: solipsismo: no relacionalidad. Un comportamiento no humano. Los valores humanos brotan de la Reciprocidad; no del Intercambio que es cero valor, por diseño.

La forma Estado se basa en la ficción de la “Separación de poderes”: Charles Luois de Secondat. Esta ficción es sabia porque impide que, en una institución mecanicista y separada de la sociedad, el Uno (haciendo trampa) controle los demás poderes, sembrando en los adversarios teológicos, políticos o económicos el miedo, primero, luego el temor y, después, el terror y que culminan, primero, en regimenes populistas, luego autoritarios y después totalitarios. Es la forma política de la negación del Otro como otro. El apogeo del principio de identidad: A=A; ya no hay B. La necesaria ficción de la libertad, que se espera de la ficción estatal, desaparece.

La forma  Ayllu se basa en el principio de Relacionalidad y, a saber, a diferentes niveles de realidad: waka, sallqa, jaqi; que los seres humanos somos sinapsis de una red neuronal cósmica en la que todo está relacionado con todo y ello proporciona los parámetros de correspondencia y reciprocidad: la Chakana,  para interpretar el mundo. No otra es la teoría física del Boostrap formulada por Geoffrey Chew: “(…) la naturaleza no puede ser reducida a entidades fundamentales, como bloques de materia, sino que debe entenderse plenamente a través de la autoconsistencia de sus elementos (…) no acepta ninguna entidad fundamental en absoluto: ninguna constante, ley, ni ecuación fundamental (…) el universo se ve como una red dinámica de sucesos interrelacionados, ninguna de las propiedades de cualquier parte de dicha red es fundamental, todas se desprenden de propiedades de otras partes y la consistencia global de sus interrelaciones, determina la estructura de la totalidad de la red”.

Bien, esto es lo básico a tener en cuenta en lo que atañe al  concepto de Marco institucional. Veamos la doble dinámica interna de ambas formas de gobierno que connota el concepto de Estado Plurinacional.

1.5. Gestión pública: Planificación, Medios, Inversiones, Implementación

He aquí los conceptos mayores  del modelo occidental de gerencia. Veamos, como en un fractal, el sistema en su componente mínimo: el proyecto. La palabra proyecto proviene del verbo latino proiectare, forma intensiva de profiicere que significa arrojar; pro: hacia delante. Así, pues, proyecto es una cosa o una idea que se lanza hacia adelante: hacia el futuro. Es, pues, un muy típico producto de la comprensión occidental del tiempo como conjugado en pasado-presente-futuro, donde se entiende el pasado como negativo y el futuro como positivo y, por tanto, deseable.

En la ciencia de la gerencia  se procedía bajo la forma de Programas. Estos mostraron el inconveniente de que son muy abiertos y se prestan a la dispersión y a que los resultados buscados se difuminen fácilmente. La forma Proyecto entonces lo que aporta es que permite focalizar los recursos para lograr resultados más precisos y concretos. Optimizó grandemente las inversiones. La forma Proyecto dentro de la forma Programa

refuerza virtuosamente las limitaciones y/o potencialidades de cada uno.

El equivalente homeomórfico andino a “Proyecto” es “Dispositivo” que supone la no separación de tiempo y espacio y más que enfatizar en el átomo: el proyecto, piensa una red virtual por la que circulará la energía: Cha. Sus conceptos importantes son Potencialización / Actualización: lo latente y virtual deviene actual y real.

De cara a la reglamentación de la Ley Marco de la Madre Tierra es muy importante tener lucidez sobre cómo se produce la Eficiencia desde la perspectiva del diálogo de civilizaciones. Un Reglamento apunta a eficiencia.

La historia de Occidente empieza con un acto creativo y termina con un juicio final. Hay comienzo y fin. Un Programa se apertura y se cierra. En los Andes, sobre lo que se desconoce, comienzo y final, no se especula; prefieren callarse, como Wittgestein. Como los budistas, asumen y aceptan lo que es, lo que hay, ahora. En ese sentido, el jaqi / runa  busca armonizar su actitud con lo actual (“así nomás siempre es”) y también con lo potencial de la situación que prestidigitan las circunstancias. El énfasis no se pone en un único momento, que de todas formas será trascendido, sino en el proceso de transformación que no terminará. Desde este punto de vista, un efecto, un impacto, no es algo que puede ser realizado o incluso forzado; es algo que sucederá inevitablemente; sólo podemos agenciarnos bien con ello. Ritualidad, ayni. El efecto, el impacto, no es un objetivo deseado y menos buscado, sino algo que, inexorablemente surgirá como una consecuencia. Lo que se puede y debe hacer es, en el inicio, disponer bien las energías que se desplegarán, luego, en el proyecto. Esto es estratégico para una civilización energética; no lógica, como la occidental.

El enfoque europeo del cambio consiste en una activa intervención; basada en un plan preconcebido, que establece un objetivo y luego indica las acciones que se deba tomar desde la situación presente hacia la situación deseada, que se expresa en el objetivo y las metas del programa o proyecto. Occidente, para lograr o conquistar algo, prefiere el gesto heroico, basado en premisas racionales y, para ello, convoca todos sus recursos. Es un esquema bélico: “lucha contra la pobreza”, “lucha contra el sida”, “lucha contra el cambio climático”…como la lucha contra los molinos de viento de don Quijote.

El enfoque amerindio, por el contrario, trata de encontrar el potencial, Qa, en la situación presente y, luego, deja que el potencial se despliegue, como una semilla que  crece y luego madura en un fruto. No requiere de un plan, ni de un objetivo, ni de un bosquejo teórico de la situación que se desea, pues ésta, por definición, es desconocida. “Si estamos de buen corazón, siempre hay producción”, Stephan Rist.

El efecto de la acción, en la visión occidental, es directa: de los medios a un fin, pero es costosa y arriesgada. El efecto de la transformación, en la visión amerindia, es indirecto: de condición a consecuencia, pero es crecientemente inevitable. Lo que se ha puesto en movimiento, tiene vida propia. Un proyecto es otro ser vivo, con el que se está involucrado y hay que cuidar estas nuevas relaciones, pues puede ser sajra: tener demasiada qamasa: energía que rompe equilibrios previos, como puede ser “bien nomás”; por eso se ch´allan proyectos y oficinas públicas.

La orientación, pues, a metas, objetivos, resultados, indicadores … es el modo cómo Occidente construye el efecto, el impacto. Los amerindios se orientan a entender lo que acaece como un  proceso y, a saber, sin fin. Dicho de otra manera, no hay resultados finales; siempre, si se quiere: “resultados de proceso”. Todo es proceso para un buen andino. Los resultados no son importantes: “lo importante es participar”. Eso se ve hasta en el fútbol.

Para conseguir la Eficiencia, Occidente ha aprendido a reducir la complejidad,  simplificando, delimitando: definiendo; sabe distinguir lo sustantivo de lo adjetivo. Sólo así, se puede desarrollar una orientación a objetivos. Los lenguajes aglutinantes amerindios, al revés, no tienen sustantivos y adjetivos; tienen verbos que denotan acción, flujo y tienen, asimismo, la posibilidad de aglutinar radicales, prefijos y sufijos para formar redes de sentido. Redes, no sustantivos: átomos abstractos de sentido.

¿Cómo se engendra la Eficiencia?  El pensamiento griego tuvo la necesidad de extraer el Ser del Devenir, pues su interés se dirigía a la identificación de las formas, mediante fijación. Al pensamiento andino le interesan más los modos de aparejamiento del fluir del mundo. Lo que importaba a los griegos era fijar a las formas sucesivas un contorno, nítido y definido. Progresivamente, el devenir oscuro, femenino, surgido del caos, será dominado por el pensamiento, gracias a la instauración trascendente de una Ley que encarne la necesidad: el Destino. Así, pues, el devenir de las cosas encontrará su consistencia, se detendrá, en el armazón teórico, en el marco lógico, que suscitan los números y las formas. El Devenir, caótico, es domesticado por la fórmula matemática o el silogismo lógico que fija en ella inmutabilidad.

Dicho de otro modo, el pensamiento occidental introdujo, desde el exterior, un orden en el devenir, a partir del Número, la Idea y la Forma. Mientras que, en el pensamiento amerindio, el orden-caos de concibe como inherente al devenir. No hay separación; hay continuo. El pensamiento griego estuvo marcado por la idea de la Medida para domeñar el caos; por eso privilegia la explicación causal. El pensamiento amerindio, en cambio, concede mayor importancia a lo tendencial e indicial: por eso lee en la Coca la propensión de las cosas: cómo lo virtual se convertirá, probablemente, en real, a partir de la disposición de las hojas de coca caídas sobre el tari

Ahora bien, el modo cómo el amerindio construye este dispositivo energético de lectura es la Mesa ritual, basada en la Chakana: Arriba / Abajo, el cielo y la tierra: círculo y cuadrado: Principio de Correspondencia, y Derecha / Izquierda, el varón y la mujer: la comunidad: Principio de Complementariedad. Ambos encarnan los principios, antitéticos y complementarios, que presiden la aparición de los seres. De esa disposición inicial deriva todo el proceso de la realidad. La lógica del surgimiento actualizador debe pensarse en el modo de la propensión potencial de la semilla. Dicho de otro modo, en el estado más embrionario ya se encuentra implicado el adulto; en la semilla el árbol. Por  tanto es allí, en el comienzo donde hay que disponer, colocar bien el Cha para que genere la Qamasa que haga exitoso el emprendimiento. La “Eficiencia”, es decir, la instauración de la Confianza, está en el comienzo; en la disposición, el armado del Programa; no al final.

Demorémonos un tanto en el dispositivo energético. En el nivel del principio, hay paridad correlativa; en el nivel de la tendencia: Cha, hay atracción mutua entre los dos polos; finalmente, a nivel de la relación y de su determinación numérica, hay flujo continuo que no cesa de transformarse. Dicho con otras palabras. Al comienzo siempre se presentan dos instancias que se enfrentan y corresponden; de esa disposición deriva una interacción recíproca que constituye su propensión; y de esa relación dinámica procede la actualización de las manifestaciones fenoménicas, en perpetua variación.

Se trata, pues, de la alternancia que resulta del dispositivo. El curso del mundo no es, en efecto, sino la sucesión ininterrumpida de las fases, opuestas pero complementarias, de latencia y actualización, dado que, en el estado armonioso de la latencia, la paridad ya se encuentra implicada. De las dos energías que sirven a la actualización de la realidad, la naturaleza de una, la masculina, consiste en congelar y concentrarse; y la otra, femenina, en disiparse y dispersarse. Lo que una condensa, la otra lo disipa. Conjunción y disjunción: el ritmo de la vida. Sístole y Diástole.

Así, pues, en los Andes se piensa en función de las circunstancias cambiantes. El sujeto no tiene la iniciativa, ni es el punto de partida, sino la comunidad que intenta sacar partido de la situación en la que se encuentra implicada. Se trata de explotar y transformar el potencial de la situación. Toda situación está compuesta de factores favorables y desfavorables, la estrategia consiste entonces en plegarse a los favorables para sacarles partido. Eso, a un occidental, le puede parecer pasividad,  desentendimiento o falta de compromiso. Frente al énfasis europeo en el ser, los andinos ponen el énfasis en los procesos: el mundo es un fluir que se transforma, que se regula por sí mismo, sin ninguna finalidad. Esto es duro de aceptar para un monoteísta occidental.

Así, pues, la tradición europea concibe la Eficiencia a partir de la abstracción de formas ideales erigidas en modelos que se proyectan en el mundo y que la voluntad establece como un objetivo que debe cumplirse. Por tanto, toda acción parte de un plan ideado de antemano y su finalidad es adecuar los medios a los fines. En los Andes existe un concepto distinto y, si cabe, más amplio de miras, pues enseña a dejar que llegue el efecto; no a buscarlo, sino a implicarlo; es decir, a apoyarse únicamente en la evolución de las cosas, adecuándose con la mayor ductilidad posible a los acontecimientos del mundo. En esta visión, el Monitoreo es estratégico.

El amerindio formula ideas de forma intuitiva y esquemática y sólo utiliza las matemáticas como cálculo, sin extraer de ella ningún modelo teórico de razonamiento. El amerindio  piensa siempre en términos de proceso, de interacción; no lo hace desde la entidad, desde lo que son las cosas y, por tanto, no desarrolla una ontología propia del ente, del que surgirán, luego, los conceptos de Ser y Dios.

En la concepción amerindia de la Eficiencia encontramos una serie de elementos comunes que surgen básicamente de la idea de transformación, a partir de una acción indirecta que produce efectos indirectos. Hay un proceso continuo, regulado por una lógica cuya coherencia hay que descubrir, que implica una maduración que hay que respetar. No podemos forzar, ni controlar; hay que seguir la propensión de las cosas, aprovechar su potencial, facilitando la orientación más favorable. Este planteamiento no se basa en ninguna de las dualidades occidentales: teoría / práctica, fines / medios, modelo / aplicación, objetivos / planes. No hay ni decisión, ni elaboración, ni elección; sólo adaptación al curso de las cosas de las que, por cierto, nosotros formamos parte. No hay la escisión Sujeto / Objeto.

No se trata, pues, de seguir normas y principios: sólo de madurar el talento moral y a partir de ahí actuar espontáneamente, transformando las cosas naturalmente, ejerciendo una influencia invisible. En realidad el Suma Qamaña es el efecto: la Eficiencia, de haber dispuesto bien el Cha y haber fluido con él, tejiendo una constelación, vibrante, con  los ayllus de la waka y sallqa

Esta simple afirmación, tomada en su radicalidad, nos lleva a cuestionar planteamientos muy arraigados en nuestra mentalidad occidental. La primera es nuestra concepción del tiempo, muy ligada a la conjugación pasado-presente-futuro de las lenguas indoeuropeas. El cambio no es lo que se manifiesta cuando hay una ruptura aparente, sino que es la consecuencia de una transformación silenciosa a partir de un giro sutil, casi imperceptible de la que es resultado. Lo que hay es la emergencia visible de un largo proceso invisible. La misma relación causa / efecto se diluye en este planteamiento, ya que es a todo el Proceso al que hay que referirse para entender lo que pasa. Proceso que es, por otra parte, global y nunca local; que forma parte de la duración y no del acontecimiento. El envejecimiento no es decadencia ni degradación: es un elemento más del proceso del vivir. La muerte no es una ruptura, sino una consecuencia más de la vida. Todo pasa naturalmente, como el fruto que madura y finalmente cae. Así siempre es [4].

[1] COSUDE, Se hace camino al andar. Revista anual 2008-2009. Este número contienen en un CD adjunto 60 años de Planes y Estrategias de desarrollo de Bolivia: desde el Plan Bohan

[2] James Lovelock, Gaia. A New Look at Life on Earth. Oxford: Oxford University Press, 1972

[3] Cf. Programa Nacional Biocultura. Insumos para la construcción compartida del Marco Conceptual Orientador. Documento de trabajo 1, elaborado por Javier Medina y Gonzalo Mérida. La Paz, 2013, páginas 129 y siguientes.

[4] Cf. Juan San Martín, “Ukamapi. Así nomás es pues…”. En: Freddy Delgado / Juan Carlos Mariscal (editores) Educación intra e intercultural. La Paz: AGRUCO et alt. 2006.

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