Las cuatro Inteligencias del Vivir Bien
Javier Medina
Para acercarnos al Vivir Bien, debemos cultivar las siguientes inteligencias que todos tenemos, pero que la cultura del patriarcado nos las han reprimido y sólo ha valorado la Inteligencia racional que, ahora, nos está llevando hacia el Abismo
Inteligencia ecológica
La civilización animista, desde que surge el homo sapiens sapiens, alrededor de unos 100,000 años atrás, practica una inteligencia ecológica, energética, que consiste en saberse parte integral de la biosfera, entendida como un inmenso cerebro planetario, en el que los seres humanos somos neuronas de una red neural cósmica: “El Universo empieza a parecerse más a un gran pensamiento que a una máquina…” dijo el astrofísico James Jeans. Las instituciones animistas, como el ayllu, el chamanismo … son sinapsis y la tecnología ritual opera del mismo modo que los neurotransmisores del cerebro. En efecto, el Animismo se construye en el Continuo de la naturaleza, con la que los seres humanos animistas cultivan relaciones interpersonales de afectividad y reciprocidad. La inteligencia ecológica se expresa como Crianza de la Vida y es nutrida a través de la metáfora de la comensalidad: hay que dar de comer a la Madre Tierra para que ella, a su vez, también nos alimente. Nutrir la Vida. De este modo se establece un sistema continuo de feed back, que hace sostenible la red interconectada de la Vida, donde todo, lo visible y lo invisible, están interconectados y coimplicados.
Esta conciencia, expresada en su know how ritual: su tecnología simbólica, es el gran aporte de los pueblos indígenas al mundo contemporáneo y es el corazón de la propuesta del Vivir Bien.
Esta inteligencia ecológica ha sido erosionada por el contacto con el Monoteísmo (surgido hace, más o menos, cuatro mil años) que postula la Separación de la naturaleza y su dominación, por parte del ser humano. Tal el mensaje fuerte del primer capítulo del libro del Génesis. Este proceso de separación y dominio de la naturaleza no ha sido inmediato (las reiteradas caídas en la idolatría del Pueblo de Israel, el misticismo ecológico cristiano, el romanticismo, el ecologismo actual, en especial la Deep ecology) y se ha ido cocinando a fuego lento y ha empezado a hervir con la revolución industrial y a rebalsar con la sociedad de consumo que le sigue después de la Segunda Guerra mundial y que, hoy, se ha expandido a todo el planeta.
Las elites científicas e intelectuales de Occidente están llamando la atención acerca de los Límites del crecimiento: Club de Roma; surge una nueva comprensión de la Tierra como un ser vivo: la Teoría de Gaia: Lovelock, que se ha plasmado en una Carta de la Tierra, apoyada por las Naciones Unidas; Una verdad incómoda sobre las consecuencias del cambio climático: Al Gore y, últimamente, se empieza a hablar incluso de una Inteligencia ecológica: Daniel Goleman, para disminuir el consumismo y recuperar la conexión con la naturaleza y, a nivel operativo, de una ecoliteracy: Frithof Capra.
Es obvio que se está dando una convergencia con el Animismo y que ésta es la ventaja comparativa de Bolivia en el momento actual. Si bien todos los seres humanos tenemos la potencialidad de cultivar esta inteligencia, son los pueblos indígenas los que conservan de mejor manera esta dimensión de lo humano. Los Centros de Alta Conectividad deben trabajar especialmente esta herencia para cultivar evidencias del Vivir Bien, como una política pública local. En concreto, recuperando las tecnologías agronómicas, tanto de hardware: andenerías, zanjas de infiltración, campos elevados… como de software: ritualidad, chamanismo; asimismo, el manejo ecosimbiótico del territorio, la reciprocidad interecológica, es decir, volver activar los Sistemas de Vida que no son otra cosa que los ayllus andinos, antes de su mutilación por las Reducciones toledanas. El gran teórico de los Sistemas de Vida, de la ley 300, es nuestro sabio Ramiro Condarco que sintetizó su definición en el concepto de Simbiosis interzonal.
La Inteligencia ecológica es el dominio básico del Vivir Bien, es decir, del ejercicio de los “Derechos de la Madre Tierra, como sujeto colectivo de interés público, como la interacción armónica y en equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza, en el marco del reconocimiento de que las relaciones económicas, sociales, ecológicas y espirituales de las personas y la sociedad con la Madre Tierra, están limitadas por la capacidad de regeneración que tienen los componentes, las zonas y sistemas de vida de la Madre Tierra”. Ley 300, III, 9

Inteligencia racional
La civilización monoteísta (el Egipto de Akenatón y el Israel de Esdras) cuando entra en contacto con el mundo griego y, luego, latino, va a dar lugar a una civilización que ha cultivado de modo preferente, a través de la tecnología de vivir en ciudades, la escritura, el desarrollo del dinero y la creación de instituciones (la apuesta por lo permanente y autónomo), el lóbulo cerebral izquierdo; es decir, la inteligencia racional que ha dado lugar al surgimiento del pensamiento científico, de base positivista, de la civilización occidental moderna.
La palabra racional proviene del latín rationalis, rationale que está formado por la palabra ratio, rationis, cuyo significado es juicio, razón, inteligencia, razonamiento, consideración razonada, proveniente, a su vez, del verbo reor, reris, reri, ratus sum, ratum (pensar, creer, juzgar) con la adjunción del sufijo -tio (acción y efecto), más el sufijo -al que indica relación, pertenencia. Así, pues, el pensamiento racional, proferido desde el Yo: Pienso luego existo: Nosco me aliquid noscere: at quidquid noscit, est: ergo ego sum, Gomez Pereira, 1554, opera a través de conceptos y razonamientos lógico sintácticos; le encanta emitir juicios: bueno / malo, verdadero / falso. Implica un proceso mental que persigue la búsqueda de una conclusión o solución a un problema: gestión por resultados. La inteligencia racional es deductiva: va de lo general a lo particular; saca conclusiones a partir de premisas; pero también es inductivo: va de lo particular a lo general, asumiendo que si algo es verdadero o bueno en ciertas situaciones, también lo va a ser en otras situaciones similares. Réplica. Es analítico, es decir, separa las partes del todo y tiende a definirlas, identificarlas y categorizarlas. Análisis, síntesis, generalización y abstracción.
Esta inteligencia ha producido grandes abstracciones que han minimizado al Animismo y desequilibrado los ecosistemas terrestres: la noción semita de un Dios invisible, todopoderoso y universal; la noción griega de que el Ser es inmóvil, ingenito y perfecto: Parménides; la invención de una Ley abstracta, que debe ser interiorizada, válida para todos: Moisés. La noción de lo estático, inmutable, idéntico, uno, suscita seguridad y esa necesidad se va plasmando en instituciones seguras que protegen contra lo caótico del cambio y el devenir: Heráclito. Así, en nuestro caso, se prestidigita la forma Iglesia, luego: la forma Estado: estático, con sus instituciones y operadores: sacerdotes / burócratas. No hay Estado sin burocracia. Como inter-conector del sistema, se crea el Dinero, de la nada, es decir, a partir del crédito bancario: el equivalente general del sistema-mundo, en la actualidad.
Toda nuestra cultura moderna ha acentuado la inteligencia racional hasta el punto de volverla irracional, con la creación de tecnologias que nos están destruyendo y están devastando el planeta. La inteligencia racional ha difamado y reprimido la inteligencia emocional con el argumento de que obstaculiza la mirada objetiva de la razón. Hoy sabemos, por la nueva epistemología y principalmente por la física cuántica, que todo saber, por más objetivo que sea, viene impregnado de emoción y de intereses y, además, depende del Efecto Observador. La objetividad es una argúcia lógica para vencer al otro; no es algo real.
Este diseño ha sido encapsulado en la “Forma Escuela”, una franquicia europea que ha sido comprada por el mundo entero de la actualidad y, gracias a ella, existen el Estado, la Democracia, el Capitalismo: la globalización. Por tanto, si queremos tenerlos, y esa voluntad se expresa en la forma Estado Plurinacional, tenemos que cultivar esa dimensión del cerebro humano, a sabiendas, empero, de su peligrosidad, si no es relativizada por las otras inteligencias. Afortunadamente, el magisterio indígena, de la escuela pública, se encarga de ello eficientemente.
A nivel local, la Inteligencia racional se nos presenta en el Municipio y sus instituciones: la escuela, la posta, las defensorías, los proyectos de agua, luz, saneamiento básico, servicios financieros, jurídicos, policía, partidos políticos, etc. También en el PDM, POA, Cartas Orgánicas. Igualmente en el Marco Lógico de los proyectos.
Nos encontramos, pues, en el dominio del Desarrollo, es decir, del ejercicio de los “Derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales del pueblo boliviano para Vivir Bien, a través de su desarrollo integral, satisfaciendo las necesidades de las sociedades y personas en el marco de las dimensiones sociales, culturales, políticas, económicas, productivas, ecológicas y espirituales”. Ley 300, III, 9.

La inteligencia emocional
La inteligencia emocional es la que ha permitido el surgimiento de la socialidad humana basada en la lógica del don. Las tradiciones europeas (griega, romana, judeo-cristiana), las tradiciones asiáticas conocidas a través de sus textos sagrados (budismo, hinduismo, taoísmo), las tradiciones orientales (como las del islam y el cristianismo ortodoxo bizantino), las tradiciones transmitidas a través de la oralidad y de la ritualidad (sociedades africanas, amerindias, asiáticas, oceánicas), todas ellas, consideran a la reciprocidad, por tanto, a la afectividad, como el fundamento de la vida social.
La civilización occidental, con su apuesta hegemónica por la Separación y la Razón, ha ido minimizando la inteligencia emocional por la vía de entenderla como algo perteneciente a la esfera de lo privado: en el hogar se expresa la lógica del don, lo gratuito, el cariño, o en las iglesias: la caridad, la limosna, el cuerpo místico, etc. En la esfera pública, empero: la más importante, debe prevalecer la inteligencia racional: el cálculo utilitarista y egoísta de la búsqueda del lucro. La inteligencia emocional entonces, pari pasu se desplegaba el capitalismo, fue siendo minimizada y marginada al ámbito doméstico y religioso, aunque tampoco desapareció. Se la llamó inteligencia sensible: San Agustín, cordial: San Buenaventura, sintiente: Xavier Zubiri, empatía: Edith Stein; últimamente, Daniel Goleman le ha dado una nueva actualidad, dada la actual crisis medioambiental y financiera. El pensamiento occidental moderno, logo- y antropo-céntrico, puso el cariño, el afecto y la emoción bajo sospecha, con el pretexto de que perjudica la objetividad del conocimiento científico. Su exceso: el racionalismo, llegó incluso a producir una especie de lobotomía psíquica en el homo occidentalis que se expresa en una completa insensibilidad frente al sufrimiento no sólo del ser humano: las guerras que provoca, para recargar el capitalismo cíclicamente en crisis, sino también de los seres vivos y de la Madre Tierra: la explotación de los recursos de la biosfera.
El gran privilegio que tenemos los bolivianos es que la civilización amerindia no sólo que se ha especializado en el cultivo del lóbulo neural derecho, sino que conoce el know how de su implementación en todas las esferas de la vida, entendida integralmente. Esta es la veta que tienen que trabajar los Centros de alta Conectividad. En efecto, en las sociedades indígenas, la reciprocidad juega un papel crucial en la organización económica, social, política y religiosa. Conocemos ya muchas manifestaciones de reciprocidad positiva basadas en dones y contra dones de productos, de servicios, de cortesía, como ser el ayni (reciprocidad de servicios o bienes entre dos familias), la mink’a (don de servicio agrícola por comida y parte de la producción), la waki (don de tierra cultivable, contra don de trabajo en el terreno y repartición del producto entre ambos), el apthapi (dones de comida consumidos por todos), el apxata (dones de productos a familias que han asumido cargo en la comunidad, de parte de sus ahijados, familiares, padrinos, etc.), el k’intu (dones y contra dones de coca en una reunión), etc.
– La economía de reciprocidad, el corazón de la Inteligencia Emocional, se basa en el don y la reciprocidad. Una persona da a otra un producto o un servicio, cuando lo necesita. A su vez, el donatario dará al donador un don de retorno, cuando éste lo precise. La economía de reciprocidad implica la satisfacción de las necesidades del otro, y no así la satisfacción de un interés personal. Esta preocupación por el otro -replican sus críticos- es poco sostenible porque parece suponer una bondad inherente a la naturaleza humana. El argumento es falso, por metafísico. No es así. Tampoco lo es el argumento del egoísmo original, planteado por Adam Smith. En realidad, la ciencia actual nos dice que el individuo se construye en su relación con el otro, y la reciprocidad aparece entonces, no como el resultado de una naturaleza altruista, del mismo modo que el capitalismo no es el resultado de una esencia egoísta, sino, como sabemos ahora por las neurociencias, ello brota como efecto, por así decir, de la complementariedad del “Gen egoísta”, de Richard Dawkins y el “Gen altruista”, de Edward Wilson. Otra vez, la complementariedad de las energías fermiónicas y bosónicas. La reciprocidad, pues, crea entre sus participantes una situación contradictoria, puesto que el donador es donatario y éste, donador a su vez. Mediante la reciprocidad, cada participante se ve reflejado en el otro, generándose una conciencia compartida de ser, a la vez, donador y donatario, que produce una doble conciencia. Esta conciencia de conciencia se revela, asimismo, como afectividad, como sentimiento puro, que Dominique Temple ha calificado de Conciencia afectiva. Esta conciencia afectiva se dice chuyma, en aymara.
La reciprocidad, pues, genera el vínculo social, un sentimiento compartido entre los participantes de la relación de reciprocidad. En este sentido, no encontramos, como en el capitalismo, una separación entre lo material y lo afectivo, sino que nos las habemos con una economía, basada en una estructura de reciprocidad, capaz de generar abundancia de lo necesario, lazo social y sentimiento de humanidad, a la par. En una comunidad, no es posible separar lo económico, de lo social, de lo afectivo y de lo espiritual. En una sociedad, sí. Un acontecimiento productivo, la siembra por ejemplo, implica reunir a la familia, invitar a los vecinos, trabajar duro, pero también compartir coca, merienda, bebidas; implica igualmente ofrecer rituales, bailar, cantar: alcanzar estados alterados de conciencia. El trabajo es también una fiesta. Con otras palabras, el trabajo no genera individualismo, competencia, acumulación sino, por el contrario, es motivo de convivialidad, colaboración y redistribución, recreando así, continuamente, la inteligencia emocional. Este es el dominio del Vivir Bien, es decir, del ejercicio de los “Derechos colectivos e individuales de las naciones y pueblos indígena-originario-campesinos, comunidades interculturales y afrobolivianas (…)”. Ley 300, III, 9
La inteligencia espiritual
La inteligencia espiritual es la más nueva y la más antigua, al mismo tiempo, de las múltiples inteligencias que ahora conocemos. Hay reportes muy específicos de ella, por lo menos desde hace 2.500 años, cuando el Buda la llamó Vipassana. Vipaśhiana significa ‘ver las cosas tal como son’, siendo vi un aumentativo; y pashia: ‘ver, contemplar, comprender correctamente’. Esta comprensión sin ilusiones es la base para superar la ignorancia, generadora de sufrimiento, y alcanzar así la iluminación. Pablo de Tarso, el fundador del cristianismo, en la Carta a los Colosenses, 1: 9-10, en la traducción sefardí de Casiodoro de Reina, ora pidiendo inteligencia espiritual y la describe como la capacidad de vivir con plenitud, integralidad y coherencia.
Investigaciones científicas recientes señalan que esta coherencia espiritual tiene una base biológica. A finales del siglo XX, los neurobiólogos Persinger, Ramachandran, Singer y Deacon, usando scanners para visualizar imágenes cerebrales, detectaron lo que llamaron el Punto Dios en el cerebro: God Spot o God Module. Se trata de lo siguiente: personas que en sus vidas dan un espacio significativo a lo profundo, al silencio, recogimiento, manifiestan en los lóbulos frontales del cerebro una excitación detectable por encima de lo normal: unos 40 Herzios por segundo. Estos lóbulos están ligados al sistema límbico: el centro de las emociones y los valores, como ya vimos. Ahí se da una concentración de energía que estos científicos llamaron también mente mística: mystical mind. Tal estimulación del Punto Dios no está ligada a una idea o a algún pensamiento objetivo. Se activa cuando la persona se siente envuelta emotivamente en contextos globales que confieren sentido: significado, a la vida, al armonizar las partes con el Todo. Se trata, pues, de emociones ligadas a experiencias que implican una percepción incondicionada de la totalidad.
Estudios más recientes, sin embargo, señalan que hay más regiones del cerebro estimuladas por experiencias de totalidad y armonización. Eso indicaría que el Punto Dios puede ser, en realidad, una Red Dios que comprende zonas normalmente asociadas a emociones abisales, oceánicas, cargadas de significación. Ahora bien, esta Mente mística pertenece al proceso evolutivo cosmogénico; no precisamente de lo eclesial. Representa una complejización de la especie homo, constituyendo una propiedad del mismo universo. Sólo porque está en el universo, puede estar en nosotros.
Para Danah Zohar y Ian Marshall, la Inteligencia Espiritual es la inteligencia primordial; es la inteligencia que nos permite afrontar y resolver problemas de significado y de valores, ver nuestra vida en un contexto más amplio y significativo y, al mismo tiempo, determinar qué acción o camino es más valioso para nuestra vida. Así, pues, la Inteligencia Espiritual está en todo nuestro Ser, como una totalidad trabajando de manera armónica con la inteligencia ecológica, la inteligencia racional y la inteligencia emocional. Todas estas capacidades humanas tienen en común un sentido de unidad en la comprensión de una situación o en nuestra reacción ante ella. La comprensión es esencialmente holística; una capacidad de captar el contexto general que vincula las distintas partes que lo componen. Esta comprensión contextual es la que no tienen los esquizofrénicos, que no pueden unificar la experiencia y, por tanto, no pueden reaccionar apropiadamente ante ella. También, por ello, se la denomina Pensamiento unificador. Esta capacidad unificadora forma parte esencial de la conciencia y es clave para comprender las bases neurológicas de la Inteligencia Espiritual.
Según Zohar y Marshall, la Inteligencia Espiritual se distingue por las siguientes características: capacidad de ser flexible, poseer un alto nivel de conciencia de sí mismo, capacidad de afrontar y trascender el dolor y el sufrimiento, capacidad de ser inspirado por visiones y valores, reluctancia a causar daños innecesarios, tendencia a ver las relaciones entre las cosas, inclinación a preguntar por el Por qué y a pretender respuestas fundamentales, facilidad para estar contra las convenciones.
La Inteligencia espiritual pertenece, pues, al dominio del Vivir Bien, es decir, del ejercicio de los derechos de Todos a vivir una vida armonizada y plena: Ley 300, III, 9. Este es el dominio más pleno del Vivir Bien, es decir, del ejercicio del “Derecho de la población rural y urbana a vivir en una sociedad justa, equitativa y solidaria sin pobreza material, social y espiritual, en el marco del goce pleno de sus derechos fundamentales”. Ley 300, III, 9.

Bibliografía

Gardner, H. La teoría de las inteligencias múltiples, Fondo de Cultura, México, 1987
Goleman, D, La inteligencia emocional. Jaime Vergara Editor, Buenos Aires, 1996
Goleman, D. La inteligencia ecológica. Kayros, Barcelona,
Lovelock, J. Gaia. Una nueva visión de la vida sobre la tierra. Blume, Madrid, 1983
Lupasco, S. Le principe d´Antagonisme et la logique de l´énergie. Hermann, Paris, 1951
Medina, J. Ch´ulla y Yanantin. Las dos matrices de civilización que constituyen a Bolivia. Garza Azul, La Paz, 2008.
Wilber, K. La visión integral. Introducción al revolucionario enfoque sobre la vida, Dios y el Universo. Barcelona: Kairós, 2008
Zohar, D. & Marshall, I. Inteligencia espiritual. Plaza & Janés, Barcelona, 2001

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