Cambio climático, Desarrollo integral, Vivir Bien y Derechos de la Madre Tierra. Algunos insumos

Javier Medina
Desde la perspectiva occidental

La tradición abrahámica, que comparten las naciones de raíces judías, cristianas y musulmanas, se ha caracterizado por un reduccionismo que empieza por la apuesta por una sola energía: el Uno: el monoteísmo, en detrimento de la Paridad original: onda / partícula, y a saber, por un Uno masculino y patriarcal. Esta unidimensionalidad llevará, con el paso de los siglos, a la comprensión galileana de la ciencia, que pondrá los fundamentos de la modernidad, al poner entre paréntesis la esfera de lo intangible, de lo que no pueda ser medido, ni verificado empíricamente; se instaura, pues, el reinado de la Objetividad, basado en el reduccionismo metodológico y la escisión sujeto / objeto. Este espacio intelectual, reducido, unidimensional, objetivo, es el que posibilita que las semillas monoteístas, sembradas en el libro del Génesis, basadas en energía fermiónica, se desplieguen y produzcan lo que llamamos Desarrollo y que, económicamente, llamamos Capitalismo (el socialismo es una variante que enfatiza la redistribución planificada, en desmedro del mercado; en lo demás, es lo mismo).

A partir de los Informes del Club de Roma, la elite intelectual y científica de Occidente se percata que esta apuesta teológica, cultural, científica, social y política ha rebasado un umbral impensado hasta entonces: la capacidad de resiliencia de los ecosistemas terrestres. Esta evidencia, que se manifiesta, amenazadora, en el cambio climático, ha puesto en circulación una serie de conceptos que están empezando a reencausar el camino de la humanidad hacia un nuevo equilibrio con la naturaleza.

De ahí salen los conceptos de desarrollo sustentable y, últimamente, los pueblos indígenas del mundo, vale decir, los pueblos animistas no occidentales, basados en la Paridad, o sea en la oposición y complementariedad de las energías fermiónicas y bosónicas (en el Padre y la Madre, para decirlo antropomórficamente) han sugerido la vía del Vivir Bien como una alternativa, que incluye el desarrollo sostenible, pero lo entiende en un marco cosmológico más complejo que es, probablemente, el próximo paso que debamos dar como humanidad. Económicamente le llamamos Reciprocidad: Ayni en aymara y quechua y que, por diseño, no excluye la energía fermiónica del Capitalismo, sino que la relativiza al contraponerle la energía bosónica de la Reciprocidad, instaurando infinitas interfases de sistema .

Desde la perspectiva amerindia

Los pueblos amerindios aymara y quechua de los Andes, por ejemplo, formulan este pensamiento entendiendo la comunidad cósmica como compuesta por tres comunidades que en aymara se denominan el ayllu de los jaqi: la comunidad humana basada en la pareja: jaqi, no en el individuo, como, por cierto, ya en la época del ius naturalismo, lo formulara Johannes Althusius: el padre del federalismo europeo; el ayllu de la sallqa: la comunidad genésica que produce la biodiversidad del planeta; el ayllu de los wak´a: la comunidad noosférica y transgeneracional que interactua con las otras dos comunidades, suscitando un feedback cosmogónico. La forma imaginada de estas comunidades es de tipo holoárquico: totalidades que son partes de totalidades mayores y, así, indefinidamente .

Hacia un diálogo de civilizaciones. Un ejercicio de buscar equivalencias homomórficas

Este modelo amerindio lo podemos traducir en términos del nuevo paradigma científico de Occidente, para una mejor comprensión de la vía del Vivir Bien, como una etapa más compleja en el camino evolutivo de la humanidad que recoge lo anterior pero lo rediseña en una holoarquía mayor. Desde la perspectiva newtoniana, el pensamiento indígena es incomprensible, pues éste no puede procesar data intangible de corte energético, inmaterial.

Vamos a distinguir tres niveles del ser. El primero, enmarcado por la masa: la materia, lo físico, lo actual, lo real… y metáforas de este estilo. El otro nivel del ser se enmarca en la energía: lo cuántico, potencial, virtual y metáforas de este corte. El otro nivel del ser ha sido llamado como el ámbito de lo no-circunscrito: infinito, ilimitado, En Sof, totalidad, Orden implicado y metáforas de este cariz.

El nivel de la masa

Este primer nivel de existencia es el del universo visible que contiene materia y objetos tridimensionales, que percibimos con los cinco sentidos: desde nuestro cuerpo, pasando por la tierra, los animales, las plantas, los microbios y las estrellas. En este nivel material el tiempo parece fluir en línea recta: del pasado al futuro pasando por el presente; está gobernado por leyes de causa y efecto; lo que permite a los científicos, por ejemplo, calcular con precisión un eclipse solar e incluso su duración. La razón, la objetividad, la causalidad, así como el principio de no contradicción, son los elementos predominantes que rigen las reglas del juego en este nivel. Toda la comprensión del sentido común que tenemos acerca del mundo, proviene de este nivel del ser. Este es el ámbito del Desarrollo. Debido a la fascinación reduccionista: reducir la complejidad, para dominarla y controlarla, el homo occidentalis ha absolutizado este nivel, como único, favorecido por el proceso de secularización, inherente al monoteísmo. En este nivel se ha especializado Occidente y es peligrosamente fuerte.

Desde la perspectiva indígena, este nivel correspondería al ayllu de los jaqi: al espacio-tiempo de aquí y ahora, aka pacha, con una distinción, sin embargo, respecto del occidente monoteísta y patriarcal, que los amerindios afirman la paridad macho / hembra: onda / partícula: jaqi, de todo, lo cual relativiza a ambas energías, en pos de la

homeostasis del sistema. Ningún vector se dispara a costa de lo demás. Los sociólogos llaman a esto: subdesarrollo.

El nivel energético

El segundo nivel de existencia consiste en información y energía. En este nivel todo es intangible: no se le puede tocar, ni percibir por los cinco sentidos. Pertenecen a este nivel: la mente, los pensamientos, las emociones, las imágenes, el yo; este campo también es conocido como el nivel cuántico. No por intangible, empero, es menos real. De hecho, todo lo que existe en el universo visible, es una epifanía de la energía y la información del nivel cuántico. Dicho desde la metáfora holoárquica: el nivel masa es una totalidad que es parte, a su vez, del nivel energético que es una totalidad pero, a su vez, es parte del nivel no-circunscrito…

Una manera de imaginarse el nivel cuántico es hacerlo en términos de la mente: el universo, como dijera un físico, se semeja a un gran pensamiento. Otra manera de explicarlo es que todo lo existente está hecho de información y energía. En la famosa ecuación E=mc2, sabemos que la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. Esto significa que la masa: la materia, y la energía son la misma cosa, pero en manifestaciones diferentes. Son paquetes de información y energía. ¿Cómo es posible que ondas invisibles de energía e información se perciban como objetos sólidos? La respuesta es que los sucesos, en el nivel cuántico, ocurren a la velocidad de la luz y, a esa velocidad, nuestros sentidos no pueden procesar todo lo que influye en nuestra experiencia sensible. Percibimos los objetos diferentes entre sí, porque las ondas de energía contienen y determinan la frecuencia o vibración de diferentes tipos de información. La razón por la que no vemos el mundo, como una enorme red de energía (como los chamanes en estados alterados de conciencia, por ejemplo), es porque vibra demasiado rápido. Nuestros sentidos sólo pueden registrar tramos o frecuencias de esa energía y esos conglomerados de información se convierten en objetos tridimensionales: mi cuerpo, el agua, una casa y demás objetos del universo visible.

Sirva el ejemplo del cine. Sabemos que una película esta compuesta de fotogramas separados por franjas. Cuando se pasa la película, los fotogramas pasan a una velocidad tal que nuestra vista no percibe la discontinuidad; lo que percibimos es un flujo constante de información. En el nivel cuántico sucede algo análogo. Los trozos de campos de energía que vibran a diferentes frecuencias, y que percibimos como objetos sólidos, forman parte de un campo de energía en el que todos los objetos del nivel físico, son un sólo conglomerado de energía que aparece y desaparece. Es decir, en todo momento los campos de energía (nubes de electrones, por así decir) están en contacto con los demás campos, chocan, se funden, se separan e influyen mutuamente. Con otras palabras: en el nivel cuántico, todo está interconectado y correlacionado con lo demás. Así, pues, sólo en la conciencia, nuestros limitados sentidos crean un mundo sólido a partir de quantos discretos de energía e información. En el nivel cuántico lo que consideramos sólidos, en el nivel material, entra y sale o aparece y desparece del vacío cuántico a la velocidad de la luz. El universo es, por así decir, un sistema de encendido y apagado continuo. La continuidad y solidez del mundo existen en nuestra conciencia, en la manera cómo hemos sido programados para percibir el entorno y en nuestra memoria que, siendo anecdótica, produce sin embargo la sensación de continuidad.

Desde la perspectiva indígena, este nivel correspondería al ayllu de la sallqa: el espacio-tiempo interior, de dentro, del que proviene la biodiversidad del planeta: la biosfera, la esfera genésica: manqha pacha, con una distinción, empero, respecto del occidente monoteísta y objetivo, y es que los amerindios no la entienden como una Externalidad al sistema, sino como su Internalidad por antonomasia y con la cual se mantienen relaciones interpersonales. Es entendida como una persona y, por tanto, tiene derechos y obligaciones, regulados por la lógica del don. De ahí los Derechos de la Madre Tierra que no pueden ser postulados al margen de la lógica del Ayni: es decir, de la Reciprocidad, como opuesta y complementaria, sin embargo, del Capitalismo. En Occidente, la Externalidad es la base del sistema económico capitalista (hasta hace poco y de poco a poco) y la ausencia simbólica de la Madre (la esposa de Yahve, por así decir) hace que el modelo patriarcal sea algo desalmado e irrespetuoso con cualquier Otro, porque se funda, justamente, en la ficción de la identidad, la separación y la no relacionalidad. La Madre se inscribe en la lógica del don: dar-recibir-devolver: la red; no el punto que es la opción, que hace masa crítica, en el monoteísmo.

¿De dónde proviene la mente que imagina todo esto?

 

El nivel del ámbito no-circunscrito

El tercer nivel del ser es el de la así llamada Inteligencia no-circunscrita. Se le llama también ámbito virtual, espiritual, potencial, ser universal, conciencia: Dios. Esta dimensión la sentimos, pero nos rebasa intelectualmente. Sólo por metáfora y analogía podemos balbucir algo acerca de ella; a no ser que optemos por el silencio, lo cual también es posible. Digamos, en todo caso, que este ámbito del ser se semeja al océano; es como un mar de posibilidades de donde surgen la información y la energía. Dicho de otra manera: el fundamento de la materia es potencialidad pura; virtualidad neta; algo inmaterial; opera más allá del espacio y el tiempo. Por eso se le llama, justamente, “no-circunscrito”, porque no puede ser ubicado en tiempo-espacio alguno; simplemente es.

Esta Inteligencia no-circunscrita es la que organiza el caldo de energías que aparecen y desaparecen (como los pensamientos en nuestra mente) en entidades conocibles. Es lo que agrupa las partículas en átomos, los átomos en moléculas, las moléculas en organismos… lo que hemos llamado holoarquía, justamente. Es la fuerza organizadora, autopoiética que está detrás de todo. Así como la información y la energía forjan el mundo físico, este ámbito no-circunscrito crea y ordena la actividad de la información y la energía. Los acontecimientos no-circunscritos parece que tienen tres importantes características: están correlacionados de manera: independiente, absoluta e inmediata.

El comportamiento de dos acontecimientos subatómicos no está determinado por las leyes de causa y efecto; esto significa que un suceso no es la causa de otro, aunque su comportamiento esté correlacionado de modo inmediato. Bailan al mismo son, por así decir, aunque no estén comunicándose entre sí. Eso significa independiente.

 

Absoluta significa que la correlación entre los acontecimientos no-circunscritos permanece intacta a pesar de la distancia en tiempo y espacio. En el ámbito no circunscrito no importa que estos dos acontecimientos estén cerca, lejos o en otro planeta, para que varíe la intensidad de la correlación; la correlación se da sincrónicamente. Todo está interconectado simultáneamente.

Inmediata significa que los acontecimientos no-circunscritos no requieren tiempo de traslado, pues no obedecen las leyes de la física clásica. No se oye primero el trueno y luego se ve su luz, por poner un ejemplo. No hay nada que se traslada. Las correlaciones entre acontecimientos no-circunscritos ocurren al instante, sin causa y sin debilitarse a través del tiempo o la distancia. La inteligencia no-circunscrita está en todas partes a la vez y puede causar múltiples efectos simultáneos en varios lugares. Es desde este ámbito virtual, desde donde todas las cosas están organizadas y sincronizadas. Por tanto esta es la fuente de las coincidencias no causales.

La humanidad occidental, sobre todo a partir de la edad moderna, ha ido minimizando este nivel del ser hasta hacerlo irrelevante en la vida cotidiana. Sin embargo, para la humanidad no occidental, como los pueblos indígenas animistas, éste es un nivel con el que interactúan constantemente, a través de lo que se llama su tecnología ritual o simbólica. Y esta es la dimensión, justamente, que produce el suma qamaña: el Vivir bien. Se puede decir, pues, que el Vivir Bien no es una cosa, sino un acontecimiento que emerge cuando todo resuena sincrónicamente, desde lo micro hasta lo macro, y uno se siente y sabe parte de esa totalidad, como la cresta de una ola que es, a la par, distinguible e indistinguible del océano.

El quid pro quo actual, en el debate sobre Desarrollo y Vivir Bien, por lo menos en Bolivia, es que se ubica el Vivir Bien en el primer ámbito: el nivel material, que es el del Desarrollo. Por eso, hasta ahora, no se ha podido medir objetivamente el Vivir Bien de modo análogo a como se puede medir el Desarrollo. Pertenecen a ámbitos diferentes pero interrelacionados. Ahora bien, los amerindios afirman los tres niveles del ser y, por tanto, también el mundo del Desarrollo pero, al no ser unidimensionales, metabolizan esa energía fuerte, saxra, conectándola con las otras dos dimensiones del ser y, al hacer esas conexiones no causales, la terminan relativizando completamente, a través de la tecnología ritual. Sucede como, a nivel neurológico, acaece con el funcionamiento del cerebro humano que conecta el lóbulo cerebral derecho: que procesa energía bosónica, con el lóbulo cerebral izquierdo, que procesa energía fermiónica. Digamos que el Pensamiento es el Tercero incluido de esa complementariedad de energías antagónicas. Por tanto, pues, en este nivel no-circunscrito no rige el principio de identidad, sino el principio antagonista de la de complementariedad de opuestos que, justamente, produce el Tercero Incluido, al modo como, usando una analogía eléctrica, el polo positivo y el polo negativo, al unirse, producen la luz: un tercero incluido que, sin embargo, no es ni polo positivo ni polo negativo, sino el efecto de la complementariedad de esos opuestos. El Vivir Bien es el efecto de la consonancia y armonía con todas las esferas del ser y, como en el vacío cuántico, aparece y desaparece, se enciende y se apaga; esta fuera del control tecnocrático del Marco lógico. Esto, en realidad, la humanidad siempre lo supo; resulta empero que, ahora, los pueblos indígenas nos lo recuerdan en un momento de peligro para todos. No se puede seguir un único camino, impunemente.

Occidente, pues, no es que desconozca este nivel, pero lo ha despejado, primero, al ámbito de la religión; durante siglos, en efecto, la cristiandad le llamó “Cuerpo místico de Cristo” y tenía relevancia social; luego, fue pasando al nivel privado y fue cultivado en reductos cerrados: la mística cristiana, el sufismo musulmán o la kabbalah judía y, ello, ¡claro!, en una sociedad secularizada y unidimensional, como la que cierra el siglo XX, no es relevante, sencillamente. Pero, los tiempos están cambiando, se están tornando complejos, transdiciplinarios, probabilístcos, relativos…: interesantes.

Ahora bien, es, justamente, esta desconexión de los niveles del ser la que ha provocado la unilateralidad occidental de apostar a una sola energía: la fermiónica, desequilibrando los ecosistemas terrestres, acelerando el cambio climático, a través de un proceso acelerado y desbocado de industrialización compulsiva, administrado por un sistema económico también unilateral. El capitalismo, basado en el extractivismo a gran escala y la dominación monetaria, a través de la tasa de interés compuesto, corona la operación, abierta por el Génesis: “Dominad la tierra”, de reducir la Paridad: Onda / Partícula, a una sola energía: la patriarcal, que concentra y acumula en una sola polaridad la riqueza, rompiendo la homeostasis del sistema en su conjunto.

Algunas tareas posibles

Tenemos que reconocer lo positivo: los avances intelectuales como el del desarrollo sustentable, desarrollo endógeno sustentable; los avances en la producción de bajo carbono, en la utilización de energías alternativas, en el reforzamiento de regiones degradadas y en la creación de mejores eliminaciones de residuos.

No tenemos que perder de vista, sin embargo, que todo ésto se hace, siempre y cuando no se perjudiquen el lucro ni se debilite la competencia. Lo cual convierte en retórica las buenas intenciones de lo positivo que se ha avanzado. Ojo, por tanto, a lo económico: el supuesto crítico, no pensado explícitamente, por los ambientalistas. ¡Ay de los supuestos y de los compartimentos estancos de la academia tradicional!

La economía es la energía que mueve la biosfera. La economía tiene dos voltajes: uno: Fermión: la Chrematistiké, en la que se ha especializado el Capitalismo, y el otro voltaje es Bosón: la Oikonomiké en la que se ha especializado la Reciprocidad. O como, últimamente, lo formulara Bernard Lietaer: hay una moneda Yang y una moneda Yin. Dinero macho y dinero hembra.

Es hora de reconocer esa doble polaridad de la Oiko-nomía / logía y de empezar a co-rrelacionarlas, es decir, a relativizarlas mutuamente, para que, por así decir, de 220 voltios pasemos a 110, que sería lo deseable. El fracaso de Kyoto nos muestra que el camino sectorial: enfatizar en el punto: los efectos, y no en la red energética: la economía: la causa, y dar por supuesto el Capitalismo como la única energía económica (aunque le añadamos adjetivos seductores: capitalismo verde, anarco capitalismo, capitalismo con rostro humano…) no es el mejor camino para avanzar. A los hechos nos remitimos. ¿Cuánto tiempo más queremos seguir dando coses al mismo aguijón? Hay que ampliar la mirada: salirse de lo circunscrito.

En lo que atañe a lo conceptual se ha posicionado la fórmula del Informe Bruntland sobre el desarrollo sustentable, definido como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones y, a saber, como un desarrollo económicamente viable, socialmente justo y ambientalmente correcto. Revisémoslos críticamente, es decir, fijándonos en los supuestos no explícitos.

Desarrollo económicamente viable

“Económicamente” equivale, para el sentido común actual, al PIB, producto interno bruto. Es decir, el país, que no tenga índices positivos de crecimiento anual, entra en crisis o en recesión con la consiguiente disminución del consumo y la generación de desempleo masivo. Recordemos lo obvio: para el Capitalismo se trata de lucrar, con la menor inversión posible, la máxima rentabilidad, la competencia más agresiva y en el menor tiempo posible. Esta comprensión de lo “económico” excluye la economía de la Reciprocidad: el fundamento del Vivir Bien y de los Derechos de la Madre Tierra. Si queremos posicionar el Vivir Bien y los Derechos de la Madre Tierra, tenemos que posicionar el Ayni: la economía de Reciprocidad, la Moneda Yin… no en lugar del capitalismo, la moneda yang, sino como la energía complementaria. Actualizando la energía Bosón: yin, hembra: la reciprocidad, con su sola presencia, va a relativizar a la energía Fermión. Así se consigue el agua tibia; no añadiendo al Capitalismo, capitalismo verde o anarco capitalismo o capitalismo con rostro humano… sino el agua fría de la reciprocidad: el Ayni. Así, como la vida en la tierra es posible a un promedio de temperatura de +22 grados Celsius, la vida no es posible a +430 grados, como en Mercurio, o a -230 como en Plutón.

Recordemos algo decisivo, aunque no tan evidente. El supuesto del modelo económico capitalista es, como se sabe, antropocéntrico, monoteísta y patriarcal; vale decir, centrado solamente en el ser humano, como si no existiese la Madre Tierra, Gaia o la Naturaleza; favorece principalmente a las naciones de tradición judeocristiana protestante y a los varones; por razones obvias. Las mujeres y los pueblos indígenas animistas, centrados en los valores de la reproducción y crianza de la vida, salen perdiendo, pues el capitalismo patriarcal los invisibiliza por diseño: sólo vale la energía fermiónica masculina que, sola, es una energía depredadora: saxra, en aymara. Tampoco se la puede hacer desaparecer, como sueñan los anticapitalistas, del mismo modo que tampoco se pudo hacer desaparecer la Reciprocidad, con la Extirpación de idolatrías y la evangelización. Lo sabio es contraponer estas dos energías para relativizarlas mutuamente y disfrutar de los +22 grados que hacen amable la vida: Vivir bien.

Además es preciso recordar que, Desarrollo y Sostenibilidad, Desarrollo y Vivir Bien son conceptos contradictorios. De eso tenemos que ser conscientes, pero ello no nos debiera espantar y empujar a pensar en lógicas disyuntivas: o esto o lo otro: Entweder Oder, sino en lógicas conjuntivas: tanto lo uno como lo otro: sowohl als auch. En el nivel subatómico y el nivel noosférico, la realidad es contradictoria y busca la complementariedad de opuestos; las civilizaciones animistas, no monoteístas, son también contradictorias, porque enfatizan lo energético en contigüidad, empero, con la masa: todo es bueno y malo, como dicen los indígenas en castellano; al revés, pero simplista y maniquéamente, procede el occidente monoteísta moderno: enfatiza lo material en desmedros de lo energético: lo idolátrico, justamente. De hecho, empero, vivimos lo contradictorio en el nivel subatómico y noosferico.

Ahora bien, tenemos que aprender a reconocer en qué ámbitos vale lo no contradictorio y en cuáles vale lo contradictorio. En cualquier caso, en el tema que nos atañe, hay que superar el principio lógico de no contradicción que empuja a elegir una opción a despecho de la otra. Tenemos que pensar cuánticamente: es decir, debemos afirmar ambas opciones: tanto el desarrollo como el vivir bien, tanto el capitalismo como la reciprocidad. El viejo principio aristotélico de no contradicción nos empuja o bien por el capitalismo o bien a estar en contra del capitalismo; el anticapitalismo es sólo una abstracción mental, un ente de papel [1]; por eso, los anticapitalistas no pasan del anti. Esta es una falsa disyuntiva. La paridad, en realidad, es Capitalismo y Reciprocidad. Estas son energías antagónicas, como macho y hembra, pero su complementariedad produce un Tercero Incluido que es el paso que podemos dar, ahora, como humanidad. Esa interfase, hoy por hoy, son las Monedas complementarias locales y regionales. Este pasito, desatoraría el impasse de Kyoto.

El desarrollo, como sabemos, es lineal; tiene que crecer so pena de implosionar; expolia la naturaleza, explota a los trabajadores y privilegia la acumulación privada y en pocas manos. La sostenibilidad, por el contrario, proviene de las ciencias de la vida y de la ecología, cuya lógica es circular e incluyente. Representa la tendencia de los ecosistemas al equilibrio dinámico, a la interdependencia, a la cooperación y la mutualidad. Esto mismo, desde la perspectiva de los pueblos indígenas, menta el concepto de Vivir Bien, con el añadido que incluye también los universos paralelos que descarta, por diseño, la física newtoniana: los ayllus de la sallqa y de las waka.

Como se ve, desarrollo y sostenible, pertenecen a lógicas antagónicas: una privilegia al individuo, la otra a la comunidad; una promueve la competencia, la otra la cooperación; una la evolución del más apto, la otra la evolución interconectada de la totalidad. Ambas magnitudes hacen a la totalidad.

Ahora bien, ciertos teóricos del Desarrollo sostenible alegan que la pobreza es la causa de la degradación ecológica. Por tanto, cuanto menos pobreza, tanto más desarrollo sostenible. Esta idea seductora es, empero, una falacia; es, en realidad, una trampa conceptual, pues estos teóricos se refieren a los efectos de la pobreza, que son obvios; no los discutimos. Si analizamos, empero, las causas de la pobreza y de la degradación de la naturaleza, que es lo inteligente siempre, se concluye que éstos resultan, más bien, del tipo de desarrollo practicado. Él desarrollo, en realidad, es el que produce degradación, porque explota la naturaleza, paga bajos salarios, generando así la pobreza. ¿Dónde está la trampa? En que recoge términos de la ecología: sostenibilidad, por ejemplo, para vaciarlo de sentido y asume el ideal de la economía capitalista/socialista: crecimiento, entendido además como absoluto, para enmascarar la pobreza que el mismo sistema produce.

Socialmente justo.

El desarrollo capitalista / socialista, de cuño monoteísta y patriarcal (la abstracción de las tasas de interés compuesto) no puede ser socialmente justo, por diseño. Si lo fuera, no habría 1,4 miles de millones de hambrientos en el mundo y la mayoría de las naciones, de matriz cultural animista, en la pobreza.

Ambientalmente correcto.

El desarrollo capitalista / socialista, por diseño, se lleva a cabo a costa de la Madre Tierra, arrancando de ella todo lo que le es útil u objeto de lucro, especialmente para aquellas minorías que controlan el proceso. Según el índice Planeta Vivo, de la ONU: 2010, en menos de 40 años la biodiversidad global sufrió una caída del 30%. Solamente desde 1998, hasta ahora, ha habido un salto del 35% en las emisiones de gases de efecto invernadero.

De un modelo antropocéntrico hacia un modelo cosmocéntrico

El tránsito que estamos haciendo los occidentales de pasar de un modelo absolutamente antropocéntrico a uno más bien cosmocéntrico, que pone en valor político las otras dos dimensiones del ser, que nos descubre el nuevo paradigma científico (y sobre cuya mutua articulación los pueblos animistas han construido sus culturas) nos obliga a complejizar nuestra comprensión de la sustentabilidad.

Un primer paso atañe a la noosfera. Los aymaras utilizan la palabra T´ukuña para expresar un tipo de pensamiento, absorto, abierto a la interconectividad de la telaraña cósmica de la vida que atraviesa múltiples universos paralelos; sólo este pensamiento, abierto a la complejidad, permite una gerencia responsable de la biosfera o, dicho más andinamente: posibilita conversaciones cargadas de emoción y afectividad con la Pachamama: lo femenino y los Achachila, lo masculino. El concepto de Gestión de la mente sostenible, de Evandro Vieira Ouriques, podría ser un equivalente homeomórfico desde la tradición occidental.

Un segundo paso en la relación del ser humano con el entorno biosférico es el concepto de Chuyma que significa pensar-sentir desde las entrañas, no sólo desde el corazón, para poder criar la vida del mundo con cariño y, paralelamente, dejarse criar por la vida confiando en ella. Es este feedback: dar-recibir-devolver el que, sin desligarse de la naturaleza (como en la opción monoteísta) permite la emergencia de un mundo interconectado específicamente humano. El concepto de cuidado esencial, desarrollado por Leonardo Boff, sería un equivalente homeomorfico desde la tradición occidental.

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