El encuentro de los conquistadores con los Guaraníes: el quid pro quo convivial

En los anteriores capítulos hemos conversado sobre el desencuentro económico y político. Ahora vamos a detenernos en un malentendido de tipo social que también se ancla sobre la lógica del don y la naciente lógica del capitalismo, esta vez bajo las formas del pillaje y la esclavitud.
El texto que sirve de guía a Dominique Temple, para auscultar los pormenores de ese encuentro entre Occidente y la Indianidad, es la crónica de Ulrico Schmidl, 1567, un mercenario suavo, que escribió: Verídica descripción de varias navegaciones como también de muchas partes desconocidas, islas, reinos y ciudades… también de muchos peligros, peleas y escaramuzas entre ellos y los nuestros, tanto por tierra como por mar, ocurridos de una manera extraordinaria, así como de la naturaleza y costumbres horriblemente singulares de los antropófagos, que nunca han sido descriptas en otras historias o crónicas, bien registradas o anotadas para utilidad pública. Fue vuelto a editar con el título Viaje al Río de la Plata, en Buenos Aires: Emecé, 1997. Para más detalle: Teoría de la Reciprocidad. Tomo III: El Frente de civilización. La Paz: GTZ-padep, 2003.
Sugiero, asimismo, la lectura del Dossier: Ñande Reko. La comprensión guaraní de la Vida Buena, editada por Javier Medina. GTZ/Padep y FAM Bolivia, La Paz, 2002 y accesible en internet: www.bivica.org/upload/vida-buena-pueblo-guarani.pdf.

PART9El don de los víveres

Ulrico Schmidl participa de las expediciones que atraviesan el continente para llegar al Perú, desde el Rio de la Plata. De regreso a su país, describe a las naciones encontradas y el recibimiento que les depararan: por doquier la hospitalidad, en todo lugar el don, siempre la alianza:

« Allí, sobre esa tierra, hemos encontrado unos indios que se llaman Querandíes, unos tres mil hombres con sus mujeres e hijos, y nos trajeron pescados y carne para que comiéramos »

No se trata, pues, de una hospitalidad simbólica, sino de una hospitalidad bien real e incondicional, casi excesiva y muy onerosa, pues los recién llegados son nada menos que dos mil seiscientos cincuenta españoles. En el momento en que los indios no les ofrezcan más hospitalidad, se apoderarán de sus cosechas y se instalarán en sus poblados:

« Dios Todopoderoso, con su ayuda nos permitió vencer a los Querandíes y ocupamos el lugar donde estaban (…). Allí permanecimos durante tres días: después volvimos a nuestro campamento, dejando de guardia a unos cien hombres, pues hay en ese paraje buenas aguas de pesca. También hicimos pescar, utilizando las redes de los indios, para tener pescado suficiente como para mantener la gente (…) »

Los españoles no se ocuparon de sacar partida de los recursos del país, pues lo que querían era llegar al Perú lo más antes posible. Así, bien pronto:

« Fue tal la pena y el desastre del hambre, que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido ». No sólo eso, llegaron hasta el canibalismo: « (…) algunos otros españoles cortaron los muslos y otros pedazos del cuerpo de los ahorcados, se los llevaron a sus casas y allí los comieron. También ocurrió entonces que un español se comió a su propio hermano que había muerto »

Si bien el motivo principal de la conquista es el oro, de momento, es por la comida que los españoles buscan la alianza con los indios. Pedro de Mendoza no puede dar de comer a su gente. Decide, pues, enviar trescientos cincuenta hombres río arriba sobre el Paraná: « … y navegamos aguas arriba por el Paraná a buscar indios, para lograr alimentos y provisiones »

Pero la expedición es un desastre. Los indios, en efecto, informados de lo sucedido entre los Querandíes, huyen y destruyen sus poblados y sus cosechas:

« Pero cuando los indios nos veían, huían ante nosotros y nos hicieron la mala jugada de quemar y destruir sus alimentos: éste es su modo de hacer la guerra. De ese modo no encontramos nada que comer, ni mucho ni poco; apenas se nos daba a cada uno, cada día, tres medias onzas de bizcocho. En este viaje murió de hambre la mitad de nuestra gente »
Pedro de Mendoza deja el mando a Juan Ayolas:

« Dispuso entonces nuestro capitán Juan Ayolas que los marineros aprestaran ocho bergantines y bateles o botes, porque quería navegar aguas arriba del Paraná y buscar una nación que se llama Timbú para obtener provisiones y mantener a la gente ». Así, pues, los españoles abandonan Buenos Aires y remontan el Paraná. Después de dos meses de navegación, encuentran a los Timbús que los reciben magníficamente.

« Nuestro capitán regaló entonces al indio principal de los Timbús, que se llamaba Cheraguazú, una camisa y un birrete rojo, un hacha y otras cosas más de “rescate” (…)
El tal Cheraguazú nos condujo a su pueblo y nos dieron carne y pescado hasta hartarnos »
Donde los Timbús, la hospitalidad dura tres años. Cuando reemprenden la conquista, son recibidos por los Corondas: « … y ellos compartieron con nosotros su escasez de carne y pescado y cueros y otras cosas más »

Después vienen los Quiloazas: « … también participamos su escasez ». Luego los Mocoretás: « Los Mocoretás nos recibieron muy bien, a su manera, y nos dieron la carne y pescado que precisábamos durante los cuatro días que con ellos nos quedamos ». Después los Chanas… Pero he aquí que los españoles tuvieron que enfrentarse a los Mapeníes, sin que Schmidl nos refiera los motivos:

« Nos recibieron belicosamente. Había en el río más de quinientas canoas. Pero, dichos Mapeníes no consiguieron gran cosa y con nuestros arcabuces herimos y dimos muerte a muchos… »

En cambio, fueron bien recibidos por los Curé-Maguás: « Así los dichos Curé-Maguás nos dieron todo lo que entonces necesitábamos y se pusieron mucho a nuestra disposición ». Pero, « … cuando llegamos a estos Agaces, éstos se pusieron a la defensa e intentaron combatirnos y no quisieron dejarnos pasar adelante ».

Pronto llegaron donde los Guaraníes-Carios. Delante de Lambaré, un poblado fuertemente protegido, Juan Ayolas decide avanzar en orden de batalla: « (Los Carios) dijeron a nuestro capitán general Juan Ayolas que nos volviéramos a nuestros bergantines y que ellos nos proveerían de bastimentos y todo lo que necesitaremos ».

He aquí que los indios ya no invitan a los españoles a sus aldeas, si bien todavía les ofrecen víveres.

Mientras tanto, río arriba, aquellos que no escucharon todavía nada respecto a los recién llegados, rivalizan todavía en el asalto de los dones.

« Una vez, llegamos a una nación que se llaman ellos mismos Jerús, cuyo rey, cuando supo de nuestra llegada, vino a nuestro encuentro, recorriendo un largo camino, con gran majestad y esplendor ; y delante de él venían sus músicos, pero detrás de él una incontable muchedumbre de personas caminando, todas desnudas. Este rey nos recibió muy espléndidamente y dejó que todos nos albergáramos en ciertas casas, pero al capitán lo llevó con él a su propia mansión. Hizo asar venados u otras piezas de caza para deleitarnos ».

Sin embargo, pronto la hospitalidad se transformará en rechazo y luego en enfrentamiento.
Schmidl ofrece algunos indicios de esta evolución: con los Querandíes del Río de la Plata, por ejemplo:

« Los susodichos Querandíes nos trajeron alimentos diariamente a nuestro campamento, durante catorce días y compartieron con nosotros su escasez en pescado y carne y solamente un día dejaron de venir. Entonces nuestro capitán don Pedro de Mendoza envió enseguida un alcalde de nombre Juan Pavón, y con él dos soldados, al lugar donde estaban los indios (…) Cuando llegaron donde ellos estaban, el alcalde y los soldados se condujeron de tal modo que los indios los molieron a palos y después los dejaron volver a nuestro campamento ».

La manera, pues, cómo se condujeron los españoles provoca la indignación de los donadores, una indignación de momento mesurada. Inmediatamente los españoles reaccionan con una violencia increíble y sin medida con el mal humor de sus anfitriones:
« Cuando el dicho alcalde volvió al campamento, tanto dijo y tanto hizo, que el capitán don Pedro de Mendoza envió a su hermano carnal don Jorge Mendoza con trescientos lansquenetes y treinta jinetes bien pertrechados; yo estuve en ese asunto. Dispuso y mandó nuestro capitán general don Pedro de Mendoza, juntamente con nosotros, matara, destruyera y cautivara a los nombrados Querandíes ».

La reciprocidad de parentesco

Bajo la presión del hambre, los españoles incapaces de comprender la reciprocidad, interpretan el don como el reconocimiento indio de su superioridad natural. De esta manera, incluso antes de que les sea donado, los españoles toman lo que codician. Schmidl lo precisa en otra ocasión:

« El principal del Paiyonos se nos acercó pacíficamente con su gente y pidió a nuestro capitán que no entrásemos a su pueblo, sino que se quedara allí donde estaba. Pero ni nuestro capitán ni nosotros quisimos hacer eso, sino que marchamos directamente a la aldea, les gustase o no a los indios. Allí encontramos carne en abundancia, pues había gallinas, gansos, venados, ovejas, avestruces, papagayos y conejos »

Puede ser que los Mapeníes o los Agaces hayan sido sorprendidos en el río durante una de sus expediciones; es posible incluso que ellos se hayan rehusado reconocer a los españoles la superioridad de la que alardeaban, después que fuesen avisados de su comportamiento, pero Schmidl añade otra explicación cuando relata el encuentro con los Carios:

« (Los Carios) Dijeron a nuestro capitán Juan Ayolas que nos volviéramos a nuestros bergantines y que ellos nos proveerían de bastimentos y todos lo que necesitáremos, alejándonos de allí, porque si no serían nuestros enemigos. Pero nosotros y nuestro capitán general Juan Ayolas no quisimos retroceder de nuevo, pues la gente y la tierra nos parecieron muy convenientes, especialmente los alimentos; pues en cuatro años no habíamos comido pan sino solamente con pescados y carnes nos habíamos alimentado (…) hicimos disparar nuestros arcabuces, y cuando los oyeron y vieron que su gente caía y no veían ni flecha alguna sino un agujero en los cuerpos, no pudieron mantenerse y huyeron, cayendo los unos sobre los otros como perros, mientras huían hacia su pueblo »

Los indios Carios resistieron frente a su aldea durante dos días.

« Más cuando vieron que no podrían sostenerlo más y temieron por sus mujeres e hijos, pues los tenían a su lado, vinieron dichos Carios y pidieron perdón y que ellos harían todo cuanto nosotros quisiéramos. También trajeron y regalaron a nuestro capitán Juan Ayolas seis muchachitas, la mayor como de dieciocho años de edad, también le hicieron un presente de siete venados y otra carne de caza. Pidieron que nos quedáramos con ellos y regalaron a cada hombre de guerra dos mujeres, para que cuidaran de nosotros, cocinaran, lavaran y atendieran a todo cuanto más nos hiciera falta. También nos dieron comida, de la que bien necesitábamos en aquella ocasión. Con esto quedo la paz con los Carios »

Veamos, en primer lugar, los Carios les propusieron a los españoles de proveerles de todo lo necesario con la condición de que se quedasen lejos de la aldea. La primera observación de Schmidl: « … pero nosotros no quisimos retroceder de nuevo, pues la gente y la tierra nos parecieron muy convenientes, especialmente los alimentos », confirma el hecho de que los españoles compran y no buscan una relación de dones mutuos. Ahora bien, visto que los Carios les ofrecen a los españoles todo lo que desean, a condición de que se queden en sus naves o, por lo menos, lejos de sus aldeas ¿por qué es que quieren apoderarse de sus casas?
No es solamente el hambre que retuerce las entrañas de los españoles. Las condiciones de la paz con los Carios arrojan cierta luz sobre esta pregunta: dos mujeres por soldado. Schmidl lo relata con cierta concupiscencia: « … a nuestro capitán Juan Ayolas le ofrecieron seis muchachitas, la mayor como de dieciocho años de edad ».

En otros lugares, Schmidl se expresa sobre la hospitalidad de parentesco con pudor. Recomienda a los lectores que quisieran saber al respecto de embarcarse hacia América.
« Estas mujeres (se trata de los Mbayás) se quedan en casa y no van a trabajar en los campos, pues es el hombre quien busca los alimentos; ellas hilan y tejen el algodón, hacen la comida y dan placer a su marido y a los amigos de éste que lo pidan; sobre esto no he de decir nada más por ahora. Quien no lo crea o quiera verlo que haga el viaje »

Refiriéndose a los Jerús, añade:

« Las mujeres son bellas a su manera y van completamente desnudas. Pecan llegado el caso; pero yo no quiero hablar demasiado de eso en esta ocasión »

Los españoles se quedaron sólo un día en esta comunidad de los Jerús. Con otras palabras, la reciprocidad de parentesco es inmediata y generalizada. Cuando al día siguiente los españoles fueron recibidos por el “rey” de los Jerús, Schmidl precisa:

« Estas mujeres son muy hermosas, grandes amantes, afectuosas y de cuerpo ardiente, según mi parecer »

Por otro lado, la reciprocidad de parentesco es, obviamente, una iniciativa india que se inscribe en las reglas de la hospitalidad:

« … cuando estábamos a una legua de camino de esa localidad, vino a nuestro encuentro el propio rey de los Jerús, con doce mil hombres, más bien más que menos, y nos esperaron pacíficamente sobre un llano. Y el camino sobre el que íbamos era de un ancho como de ocho pasos y en este camino no había ni pajas, ni palos ni piedras sino que estaba cubierto de flores y hierbas, así hasta llegar a la aldea. El rey tenía su música, que es como la que usan los señores allá en Alemania. También había ordenado el rey que ambos lados del camino se cazaran venados y otros animales salvajes, de modo que habían cazado cerca de treinta venados y veinte avestruces o ñandúes, cosa que merecía la pena de verse »

Se adivina pues lo que sucede después de Buenos Aires: los españoles que no tienen mujer quieren entrar a las aldeas para aprovecharse de la relación de parentesco. Los indios los reciben con el don de víveres y la reciprocidad de parentesco que significa que los extranjeros son integrados en su sociedad como cuñados, lo que les otorga inmediatamente derecho a tener a las jóvenes como esposas. Ellas mismas acuerdan esta alianza; también pueden ser ofrecidas por las autoridades. La reciprocidad de parentesco es una alianza matrimonial no solamente individual sino también de comunidad a comunidad.

Ignorando el significado de las relaciones de parentesco entre los indios, los españoles no tratan a las mujeres como esposas, sino que las utilizan para su placer, las abandonan pronto o las intercambian según sus necesidades, como lo atestigua esta increíble confesión de Schmidl:

« También (los Mbayás) regalaron a nuestro capitán tres hermosas mujeres jóvenes. (…) Hacia la media noche, cuando todos estaban descansando, nuestro capitán perdió a sus tres muchachas; tal vez fuese que no pudo satisfacer a las tres juntas, porque era ya un hombre de sesenta años y estaba viejo; si en cambio hubiera dejado a las mocitas entre los soldados, es seguro que no se hubieran escapado. En definitiva, hubo por ello un gran escándalo en el campamento… »

He aquí la razón por la cual las mujeres indígenas se escapan y por qué los indios están dispuestos a alimentar bien al extranjero a condición, empero, de que acampe fuera de sus muros: es porque es incapaz de comprender el sentido de la reciprocidad de parentesco, de conducirse como cuñado, en la medida que ha sido honrado con este título, incluso cuando él no puede estar acompañado de hijas o hermanas que podrían casarse con los Guaraníes.
Esclavitud o genocidio

Las muchachas no son el único objeto de codicia de los soldados; también las madres y sus niños. Cuando tuvo lugar su enfrentamiento con los Agaces (« Habían hecho huir a sus mujeres e hijos, y ocultado de tal manera que no pudimos quitárselos) », Schmidl revela que los Agaces estaban informados acerca de las exigencias de los colonos, de otro modo no hubieran podido prevenir su ataque; pero también que los niños y las mujeres se pusieron en juego entre los dos protagonistas:

« Más cuando vieron que no podrían sostenerlo más y temieron por sus mujeres e hijos, pues los tenían a su lado, vinieron dichos Carios y pidieron perdón »

Para los Carios se trata de salvar a sus mujeres. Para los españoles, la razón de esta disputa aparece más nítidamente cuando Schmidl cuenta la primera rebelión de Tabaré:

« Acampamos allí durante tres días, y en el cuarto, poco antes de hacerse el día, asaltamos la aldea y entramos en ella y matamos cuantos encontramos y cautivamos muchas de sus mujeres, lo que fue una gran ayuda »

¿Qué ayuda? Cuando relata la segunda rebelión (1546) Schmidl precisa:

« Antes de atacar, ordenó nuestro capitán que no matáramos mujeres ni niños, sino que los cautiváramos; cumplimos la orden y así fue: cautivamos las mujeres y los niños y solamente matamos a los hombres que pudimos (…) Después de ocurrir todo eso, vinieron al campamento Tabaré y otros principales de los Carios, y pidieron perdón a nuestro capitán, rogando que les devolviesen sus mujeres e hijos »

Se trataba, pues, de doblegar a los indios, tomando de rehenes a sus mujeres e hijos. Schmidl precisa que aquello que él llama alianza militar, en realidad, ha sido conseguida por chantaje bajo amenaza de exterminio. « Hicimos entonces una alianza con los Carios por si querían marchar con nosotros contra los Agaces y combatirlos ». En cuanto a aquellos que no se esperaba someter, se los extermina:

« … y marchamos, por agua y por tierra, por treinta leguas, hasta donde viven los Agaces ; que vosotros habéis sabido ya cómo nos habían tratado. Los hallamos en el antiguo lugar donde los habíamos dejado antes, entre las tres y las cuatro de la mañana, durmiendo en sus casas, sin sentir nada, porque antes los Carios los habían espiado, y dimos muerte a los hombres, las mujeres y aún a los niños. Los Carios son un pueblo así, que matan a cuantos encuentran en la guerra frente a ellos, sin tener compasión con ningún ser humano » .

Aparentemente, son los Carios los que ejecutan a los Agaces tanto como los colonos que les comandan. En este contexto no se precisa más. Pero después de la revuelta de los Carios, el genocidio es asumido más claramente por los españoles:

« Cuando todo estuvo aprestado, entre las dos y las tres, atacamos a los Carios. Antes de haber pasado tres horas, ya habíamos destruido y ganado las tres palizadas y entramos en el pueblo y matamos mucha gente, hombres, mujeres y niños »

Cuando la toma de rehenes no es necesaria, los españoles siempre exterminan mujeres y niños. Con los Mbayás:

« En el tercer día encontramos un grupo de Mbayás, hombres, mujeres y niños, reunidos en un bosque; ellos ni sabían que nosotros allí estábamos, pues no eran los Mbayás que nos habían combatido, sino otros que habían huido. Se dice que muchas veces el justo paga por el pecador; así sucedió aquí, pues en este combate murieron y quedaron prisioneros, más de tres mil, entre hombres, mujeres y niños. (…) Allí conquisté para mí, como botín, diecinueve personas, hombres y mujeres jóvenes »

Cuando llegan a la región que actualmente es Bolivia, los españoles se sorprenden de encontrar indios que ya hablan su lenguaje y que les informan que el país del oro está en manos de Pizarro. Regresan donde los Corotoquíes que los habían recibido con temor pero de los que Schmidl había descrito su buena voluntad:

« Cuando nos vieron a todos juntos, nos mostraron buena voluntad; no podían hacer otra cosa pues temían por sus mujeres e hijos y por su pueblo. Nos trajeron así mucha carne de venado, gansos, gallinas, ovejas, avestruces, antas, conejos y toda otra clase de caza, tanto que no puedo describirla. También nos trajeron trigo turco y raíces de las que hay allí gran abundancia ».

A pesar de esta buena voluntad, los Corotoquíes son exterminados, incluidos los niños. « Entonces regresamos nuevamente al pueblo de los Corotoquíes. Cuando allí llegamos, éstos habían huido ante nosotros con sus mujeres e hijos, pues temían que les fuéramos una carga y que les hiciéramos daño. Cuando llegamos a media legua del lugar donde dichos Corotoquis estaban, vimos que habían hecho su campamento entre dos cerros con bosques en las laderas para poder huir por ellos si acaso los derrotábamos. Pero los cerros no les sirvieron para gran cosa : los que no dejaron allí el pellejo, quedaron esclavos nuestros. En esa sola escaramuza ganamos como mil esclavos, aparte de los hombres, mujeres y niños que matamos »

La alternativa es clara: esclavitud o genocidio; entre los dos, chantaje a los rehenes. Genocidio y no exterminio de los enemigos, pues éstos no son sólo enemigos, en cuyo caso son destruidos sin remisión, sino todos los indios, tanto si son amigos como si son enemigos, por la sencilla razón de que son indios. A propósito de una expedición hacia el Paraguay, los españoles se encuentran con los Surucusis:

« … nos trataron muy bien. Los hombres llevan colgando de la oreja un disquillo redondo de madera, del tamaño de una ficha de damas; las mujeres llevan una piedra de cristal gris en el labio, del tamaño, en largo y grueso, de un dedo. Los Surucusis viven muy regularmente, cada uno con sus mujeres e hijos. Las mujeres son muy hermosas y no se rapan parte alguna de su cuerpo, pues andan desnudas tal como su madre las echó al mundo. Tienen maíz, mandioca, maní, batatas y otras raíces, pescado y carne, todo en abundancia. Permanecimos entre ellos durante catorce días »

Los Surucusis anudan una relación de alianza e incluso de amistad con los recién llegados. Entre tanto la expedición, comandada por Alvar Núñez Cabeza de Vaca, se enfanga rápidamente en el pantano. Entonces Alvar Núñez Cabeza de Vaca decide regresar a Asunción. Más, para no regresar con las manos vacías:

« Cuando los buques estuvieron listos, mandó nuestro capitán general que cuatro bergantines con ciento cincuenta hombres y dos mil carios viajaran hacia una isla situada a unas cuatro leguas de camino de dónde estábamos, y al llegar a esa isla, debíamos matar y cautivar a los Surucusis, matando a todos los varones adultos. Cumplimos el mandato de nuestro capitán y así lo hicimos ; cuando hablé antes de los Surucusis habéis visto cómo nos habían recibido, y ahora veis cómo nosotros les dábamos las gracias »

Schmidl se siente mal: « Esto fue una mala acción ». Es el hecho de matar amigos y anfitriones lo que, a sus ojos, se constituye en una mala acción y las condiciones en las cuales fue perpetrado el crimen, puesto que si bien la orden de genocidio y de esclavitud vino de arriba, los ejecutores decidieron las condiciones que, igualmente, son abominables :
« Cuando llegamos hasta los Surucusis con toda nuestra gente, éstos salieron desprevenidos de sus casas y se nos acercaron sin armas, sin arco ni flechas, en forma pacífica. En esto empezó una discusión entre Surucusis y Carios. Cuando oímos eso, disparamos nuestros arcabuces, matamos a cuantos encontramos y cautivamos como dos mil entre hombres, mujeres, muchachos y chicos, y luego quemamos su aldea y tomamos cuanto allí había, tal como podéis pensar vosotros que siempre ocurre en tales casos »

Genocidio y esclavitud en la conciencia de los jefes españoles, pero también en la práctica de cada uno de los soldados que no combaten a un enemigo por un ideal o una causa aunque fuere injusta, sino para procurarse esclavos y matar a aquellos que no pueden reducir a esclavitud. Las condiciones en que se perpetra la muerte no respetan ninguna ley de guerra o ninguna moral. La preocupación de los españoles, de todos los españoles, es la eficacia en la instauración de un orden social donde ellos son los únicos beneficiarios.

Recibidos de manera triunfal, sobre caminos de flores, entre montones de vituallas, honrados por músicos y danzantes « Cuando nosotros veíamos bailar esas mujeres, nos quedábamos con la boca abierta », tratados como novios o jóvenes esposos, según los ritos indios; en fin, esta celebración de bienvenida del extranjero, tiene como respuesta:

« Este viaje (de regreso) duró un año y medio y estuvimos guerreando continuamente durante todo el viaje y en el camino ganamos como doce mil esclavos, entre hombres, mujeres y niños; por mi parte conseguí unos cincuenta, entre hombres, mujeres y niños»
Schmidl testimonia que, efectivamente, los españoles fueron invitados como cuñados o sobrinos, pero que esta relación no fue comprendida como reciprocidad de parentesco; no entendieron que los dones de víveres y de hospitalidad implicaban el deber de reciprocidad. En fin, que ellos se beneficiaron de protección y alianzas militares, pero que en realidad lo único que querían eran esclavos, guías y mercenarios.

A la hospitalidad, a la fiesta, al convite, a la reciprocidad india, respondieron con el robo de los víveres, la ocupación del territorio y de las aldeas, el abuso de las mujeres y en definitiva, la alternativa de la esclavitud o el genocidio.

Para conversar en los Centros de alta conectividad

Glosario de conceptos nuevos

Alianza
La Alianza es la matriz de la amistad o de la gracia. Ahora bien, tales sentimientos aparecen como una revelación de la conciencia, a sí misma que se instituye como Tercero entre los dos socios de una relación de reciprocidad. La exterioridad del Tercero confiere el carácter de trascendencia y, como no existe conciencia preexistente a su advenimiento, aparece como un comienzo. Sólo el Tercero “habla” y la Palabra parece estar en los orígenes. El Tercero profiere entonces la Alianza como su condición de emergencia y perennidad y como un mandato.

Esclavitud

En las sociedades tradicionales se supone que aquel que no participa, o no puede participar, de una relación de reciprocidad, tanto positiva, como negativa o simétrica, no es un ser humano y es entendido como un ser en estado de naturaleza, que justifica su esclavitud.

Guaraníes

El concepto más importante de la cosmovisión guaraní es Tekó que significa costumbre, hábito, pero también sistema o estilo de vida. Este Tekó se expresa, ora como Partícula, en el intercambio de bienes: Jopói: manos abiertas uno para otro, ora como Onda, en la reciprocidad de palabras; el Tercero incluido es el Tekó porã donde los bienes y las palabras circulan con libertad en la comunidad. La perspectiva energética guaraní se manifiesta en la noción de Tekó marangatú, ora como palabra poética: los mitos, ora como danza y embriagues: los ritos. El Tekó porã se sustenta en el Tekó katú, el modo de ser legítimo que norma la ley del vivir bien. Ahora bien, en esta cosmovisión, la tierra habitada por los humanos es concebida como Tekohá, lugar de vida y convivencia cosmobiológica. Ñandé rekohá menta su dimensión cultural. La palabra Tekohá es holísta, es decir, significa y produce relaciones económicas, sociales, políticas, ecológicas y religiosas, al mismo tiempo, de tal manera que, como dice Bartomeu Melià, «sin tekohá no hay tekó ». El guaraní necesita la tierra con toda su biodiversidad, para poder vivir y ser guaraní. No como el occidental que puede vivir en ciudades, separado de la naturaleza. Podemos imaginar lo que implica, para ellos, el que sus selvas estén siendo deforestadas, sus tierras y ríos envenenados por agrotóxicos y exploraciones hidrocarburíferas. El Tekó porã se ha tornado Tekó vaí, mal vivir. En la actualidad, a través de la Asamblea del Pueblo Guaraní, APG, están buscando un modus vivendi honorable y pragmático con la civilización occidental.

Temas de conversación

Describe los rasgos de la hospitalidad indígena. ¿Por qué se comporta así el indígena?
Describe el comportamiento de los españoles. ¿Por qué se comporta así el español?

¿Sigue ocurriendo este malentendido? ¿En qué se manifiesta? ¿Quiénes son ahora los “españoles”?

Observa cómo la economía de reciprocidad produce abundancia. Abundancia ¿de qué?
En contraposición, el capitalismo, se basa en la escasez y, a través del control del dinero, los bancos la producen de acuerdo a sus intereses. ¿Qué piensas del don de los víveres; es decir, de incluir al otro a través de la comensalidad? ¿Por qué el occidental no puede entender este lenguaje? ¿O sí?

¿Qué piensas del don de las mujeres; es decir, de incluir al otro mediante el parentesco?
¿Por qué el occidental no puede entender este lenguaje?

El occidental ¿busca incluir al otro? Si piensas que sí, ¿cómo lo hace? Si piensas que no, ¿cómo lo hace?

¿Qué pasó cuando los guaraníes se dieron cuenta del malentendido? Esa guerra ¿hasta cuándo duró? Después de Kuruyuki ¿han cambiado las cosas? ¿Cómo? ¿Qué significa la APG?

Tareas concretas

Un tema poco tratado en los Tratados de interculturalidad es el de la sexualidad. En base a los fragmentos presentados y a su conocimiento general ¿cómo definirían la sexualidad guaraní y cómo la española? ¿Se puede decir que son diferentes? ¿Tendrá algo que ver el Monoteísmo patriarcal, ch´ulla, con la expresión española de la sexualidad y el Animismo con la expresión guaraní de la sexualidad? O ¿estará mal planteada la pregunta? ¿Conoces quid pro quo sexuales entre occidentales y amerindios?

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