Javier Medina

El jueves 16 de noviembre tuvo lugar, en Charazani, un Conversatorio sobre la situación actual de la medicina kallawaya, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno Municipal y el Proyecto Biocultura.

Asistieron cerca de treinta especialistas: Aysiris, tecnólogos del clima; Cahuayos, videntes; Capachiquiras, ritualistas; ​Jampiris, diagnosticadores a través de la lectura de la Coca; Yatiris, especialistas en el manejo de las energías bosónicas de la conjunción, Layq´as, especialistas en el manejo de las energías fermiónicas de la disjunción; Qhaqoris, especialistas en el arte de los masajes; Parteras/os, Herbolarios, Hueseros,Yerberos.

La medicina tradicional andina, de base energética, por tanto toroidal, se sustenta en el equilibrio cálido/frío: masculino/femenino: onda/partícula y en una comprensión animista del universo: se trata de un inmenso ser vivo. Por tanto, la enfermedad es un desequilibrio, en algún nodo del sistema, entendido holoárquicamente, en el que las energías: de la persona, la pareja, la familia, la comunidad, el sistema de vida, el país, el planeta, el cosmos… se desconectan u obturan. El arte kallawaya de la sanación es volver a restablecer el equilibrio del sistema de vida y el flujo de las energías a través de sus múltiples interconexiones, tanto tangibles como, sobre todo, intangibles; lo cual implica, obviamente, un manejo sofisticado de energías Psi, en el continuo de una farmacopea: la bioquímica del universo a nuestro alcance, que conoce más de mil especies; razón por la cual la UNESCO la ha declarado Patrimonio cultural de la Humanidad, en 2003.

Pues bien, este sistema médico, que viene desde antes del Incario, como una especialidad étnica, bien constituida, después de la Reforma Agraria, de 1953, se enfrenta al desafío de la medicina occidental, de base materialista (que se inicia como disección de cadáveres, en el siglo XVII: Ján Jessensky) y burocrática: es una competencia del Estado. En su afán de ser reconocidos por el Estado boliviano, los Kallawayas han dado pasos concretos. El más importante fue la creación de la Sociedad Boliviana de Medicina Tradicional, SOBOMETRA, en la ciudad de La Paz, en 1965, por Walter Álvarez y Jaime Zalles; fue reconocida legalmente en 1984. A partir del año 2000, SOBOMETRA empieza a fragmentarse y se hace visible la desconexión ciudad-campo. Aparecen los Miramientos.

Entretanto, la iglesia católica y, sobre todo, la Cooperación internacional han intentado una aproximación intercultural entre ambos sistemas médicos: sacan al Kallawaya de su relación con el cosmos, a un cuartito en la Posta, análogo al del doctor. Este paso (en falso, diría yo) lleva a que los Kallawayas quieran una homologación total con el otro sistema: quieren titulación oficial, entrar al escalafón ministerial, tener tarifas, marcar tarjeta: de ocho a doce y de dos a seis y administrar sus propios Hospitales kallawayas. Esto es entendido como un derecho conquistado por el Proceso de Cambio y que se plasma en el Estado Plurinacional de Bolivia. A una década de Estado Plurinacional, la situación está más deteriorada que cuando nacía SOBOMETRA.

En un diálogo intercultural e, incluso, de civilizaciones, como el que propicia el Programa Biocultura es muy importante el respeto: el respeto ético e intelectual. En ese sentido voy a sintetizar los aprendizajes del Conversatorio del 16 de noviembre y mis sugerencias, fraternales y comprometidas.

Encuentro una gran confusión conceptual sobre ambos sistemas médicos. No son homologables. Casi medio siglo de intentos en este sentido, no han funcionado. Esta situación exige un mayor conocimiento, contrastado, de los dos modelos civilizatorios: el Monoteísmo patriarcal occidental y el Animismo cosmobiológico kallawaya.

El punto crítico es el que atañe a la Economía. El sistema occidental, capitalista, funciona en base a Dinero; el sistema kallawaya funciona en base a Recursos y Reciprocidad. He aquí un desafío mayor que hay que encarar realistamente, es decir, en base a buscar un Tercero Incluido entre ambos y que no dañe al sistema kallawaya.

El modelo kallawaya se transmite de padre a hijo en la práctica diaria. El equivalente occidental es la Facultad de Medicina. En el Conversatorio no participó la generación de relevo. ¿Se ha roto el sistema? Si fuese así es una gravísima señal (para la humanidad, no sólo para Bolivia. Los Kallawayas poseen el know how para curar enfermedades psíquicas, el actual flagelo de las sociedades occidentales). En una generación habría desaparecido este sistema médico, tan actual y pertinente para los tiempos que corren. Los puntos críticos son: la escuela, que los desarraiga de su cultura y la migración que los termina de transterrar.

Un comienzo de solución integral lo ofrece el concepto de Sistema de Vida de la ley 777, de planificación integral del Estado. Todos los municipios del país tienen que ir activando su Sistema de Vida, donde el Vivir Bien pueda ser plasmado. La ley formula el concepto general, pero cada municipio o región debe darle cuerpo y ajayu, de acuerdo a su cultura y a la simbiosis interzonal de sus territorios.

Hasta ahora los Estados planifican en 2D; Bolivia también, pero como conversábamos en Charazani, Alipio Cuila sugería que el Sistema de Vida Charazani debería ser diseñado en 4D que es como ellos lo piensan. He aquí un paso innovador. Luego, el sistema simbólico es manejado por los Kallawayas mismos quienes, en el actual contexto, deberían asumir también un rol en la planificación, como corporación. Como en la Teoría de Cuerdas, la vibración producida por los Khantus es el calibrador del gran Ayllu, que podría también dirigir el reseteo del Sistema de Vida  Charazani. Como vemos, disponemos de una serie de tecnologías y herramientas vernáculas: software, que podrían innovar la ciencia de la planificación, en una era digital y virtual como la actual.

He aquí algunas sugerencias para el Conversatorio de marzo.


Kallawayas llevando en andas a la pareja imperial Tupaj Yupanqui y Mama Ojllo-Coya, Waman Poma, Cusco 1600.
 

Kallawayas, de Canlaya, hacia 1888, en Panamá, donde ayudaron a controlar la malaria que se había desatado en la construcción del Canal
 

Conversatorio, Charazani, noviembre de 2017

 

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